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“Hacer las cosas bien no significa que vayan a salir bien”

image_content_6442285_20170429235611ESPIDO FREIRE, escritora y autora de “Llamadme Alejandra”

Espido Freire es mágica. Y no solo como escritora. Su apariencia decimonónica, con cara de ojos inmensos de niña asustada y una cierta languidez en su rostro palidísimo y en sus movimientos mesurados contrasta con sus sólidos argumentos, su carácter disciplinado y su capacidad para atravesar distintos mundos, como si perteneciera a todos. Es líder entre los jóvenes, entre los no tan jóvenes, entre los modernos, entre los clásicos…, tiene ese no sé qué, imposible de explicar, que la acerca a todos y que va más allá de sus letras precisas y preciosas que, en esta ocasión le acaban de hacer merecedora del Premio Azorín. Su “Llamadme Alejandra” (Planeta) donde repasa la vida de Alejandra Romanova, la última zarina de Rusia, contada desde la propia perspectiva de esta mujer de origen alemán a cuya familia, el zar Nicolas II y sus cinco hijos, siempre acompañó la tragedia, está cautivando a toda suerte de lectores.

No es raro. La historia es fascinante, pero más como la cuenta la propia Espido, que siempre estuvo obsesionada con ella. “Para mí era clave que la voz de Alejandra sonara como una voz auténtica, no como la voz de Espido hablando, sino como la voz de Alejandra contándonos su historia. Elegí este personaje por simpatía personal. No es que ella fuera la mujer más amable, guapa o cercana, pero sí alguien que me miró desde la fotografía de un diccionario cuando yo era niña y andaba buscando información. Cuando me encontré con su fotografía con el niño en los brazos, ella me pareció también una niña, tal vez por sus bucles. Me fijé en su nombre y en que era zarina, que yo no sabía lo que era ni tampoco que hubiera muerto fusilada… Y no hace falta decirte la impresión me causo saber que había una princesa llena de perlas, que era zarina, a la que habían matado ¡el día de mi cumpleaños! Me abrió un mundo”

Un mundo que Espido no pudo olvidar y que fue agrandando hasta que se decidió a sacar el alma de Alejandra entre sus renglones. Un alma muy desconocida, por otra parte, pese a todo lo que se ha escrito sobre ella “Es por la manera en la que se han contado las historias de mujeres hasta ahora. Y en el caso de Alejandra, que perteneció a una familia que estuvo bajo observación desde el momento en el que prácticamente nació y mucho más cuando se convirtió en Zarina, ha hecho que ella siga siendo una gran desconocida, una mujer más observada desde el testimonio de fuera que desde dentro. Y desde fuera, el pueblo que primero la acogió bajo sospecha y que luego la adoró tras ser madre del Zarevich, pero que más tarde volvió a odiarla por extranjera y traidora, se la veía bella, esbelta y con unas niñas cada vez más bonitas según iban creciendo, pero siempre muy triste y melancólica… Y psicológicamente era una mujer muy compleja. No particularmente inteligente o grandiosa, pero con una voluntad férrea de intentar hacer siempre lo mejor, que me ha enseñado que hacer las cosas bien no significa que te vayan a salir bien…”

Le digo a Espido que, al menos, aunque fuera con la desgracia acechando, vivió con su amor, con ese hombre débil que eligió y junto al que se convirtió en zarina…Aunque podía haber sido reina de Inglaterra…“A su marido lo quiso desde que lo conoció, siendo ella una niña y él un adolescente. Y el suyo fue un amor de los que perduran hasta la muerte. Y no hay tantos ejemplos en la historia de matrimonios bien avenidos y amores afortunados, me temo. Su abuela, la reina Victoria, que tenía muchos nietos pero sentía debilidad por Alix (luego Alejandra) y también por sus hermanas que se habían quedado huérfanas muy jovencitas, hay un momento en el que se toma, casi de una manera personal, el que Alix se case bien; pero al final no se casa con Carlos, el heredero al trono de Inglaterra, como ella pretendía, sino que lo hace por amor con Nicolás, renunciando por amor a lo que a la reina Victoria le parecía imposible renunciar”.

La reina Victoria fue muy importante en la vida de la zarina Alejandra. También Sisi Emperatriz o Elisabeth de Austria. “Sisí, era una mujer muy inteligente, mucho más intelectual que Alejandra y muy hermosa; pero además era una mujer rebelde que había pagado un muy alto precio, el de la libertad, para convertirse en reina en un país donde el protocolo de los Austrias pesaba mucho. Se encontraron en un viaje que yo describo, porque me apetecía mucho imaginar ese encuentro entre ellas, la joven zarina, y la emperatriz decadente y ya vieja ¡40 años! Convertida ya en una leyenda en vida a la que solo faltaba que un anarquista acabara con ella…”

Pregunto también por Rasputín, ese gigante sobre el que tantas historias se han deslizado en toda suerte de libros y relatos. “Pues es un personaje contradictorio dependiendo de quién te hable de él. Según algunos testimonios era tan limpio como todos los campesinos de la época, es decir que empleaban baños de vapor, saunas y siempre iba impecable… Alejandra lo recuerda de otra manera. Pero claro no es lo mismo una noche de borrachera que cuando tienes que aparecer ante el jefe. Así que supongo que se cuidaría de presentar su mejor cara para Alejandra. Y ella lo veneraba, para ella no era ese monstruo con cuernos y rabo, sino un hombre de Dios, un Santo.” Y también un hombre al que ella recurrió cuando nació su hijo, por fin, pero enfermo, con una hemofilia de la que ella se culpaba y sobre la que trataban de engañar al pueblo. Tal vez por eso el pueblo pensó que existía otro tipo de relación entre ellos “Pero parece ser que no hubo nada de eso entre Alejandra y Rasputín…Estaba allí ayudándola en ese momento terrible. ¿Qué debía hacer son su hijo ¿sobreprotegerlo? ¿criarlo entre algodones? ¿dejarle que viviera una vida normal…? ¿Qué corriera mucho, sin que se hiciera daño? ¿Qué puede tener eso de normal en la vida de un niño de cinco años? Alejandra lo paso muy mal con sus hemorragias, con sus fiebres, viéndolo sufrir” El último sufrimiento no fue ese sino sangriento fusilamiento familiar, me pregunto si se lo esperaban. “No. Estaban fuera de la realidad. Tenían la sensación de que antes o después se olvidarían de ellos. No tenían conciencia de haber hecho nada mal, y eso debe dar una tranquilidad en la vida” Sin embargo los fusilaron y su muerte fue más terrible porque llevaban las joyas cosidas a la ropa… “Era el único seguro de vida que tenían con un niño enfermo…. lo cierto es que todo encajó para ser horrible… Es esa idea de destino que pesa muchas veces sobre cualquier vida y cualquier obra literaria”.

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Espido Freire nació en Bilbao en 1974. Está soltera “hace cincuenta años hubieran dicho “solterona”, de momento no tiene hijos y se siente orgullosa “de seguir teniendo curiosidad y deseo por la vida”Se arrepiente “De tantas cosas…posiblemente no de las peores que he hecho, pero si volviera a nacer…” Perdona “No todo. No a todos, pero soy de perdón fácil” Olvida “solo lo que no es relevante” Le hace reír “casi todo” y llorar “ya casi nada”. A una isla desierta se llevaría “una enciclopedia a la antigua usanza. Protector solar. Repelente de mosquitos. 80m de tela gruesa”. Le gusta comer y beber “casi de todo. No puedo comer cebolla . Y lo que mejor se bebe es la compañía”. Una manía confesable “el orden. A nivel manía” Un vicio “los vicios han de ser secretos para considerarse buenos vicios” El sueño que se le repiete es “uno de infancia, con una vaca negra” De mayor quisiera ser “lúcida” y si volviera a nacer sería “me temo que como no he progresado mucho, yo misma. Para aprender más.”.

La Razón

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