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Las creencias

El terrorismo que nos ata las manos y nos bloquea, que impide que seamos libres y gocemos de un mundo global, que nos enmudece de puro miedo y nos exige una comprensión de la que a veces carecemos, es parte de nuestro universo, de nuestro día a día, de nuestra cotidianidad. Una guerra permanente que mantiene al mundo en alerta y le hace buscar las formas de vivir en medio de este caos, sustentado precisamente entre la globalidad y las libertades adquiridas durante siglos que ahora vemos necesario recortar, para garantizar siquiera la vida. Tras el último atentado de Londres, de nuevo los fantasmas nos invadieron. Sombras oscuras de  horror que nos revuelven y obligan a reflexionar, a buscar una salida, a intentar protegernos… Y no resulta fácil en un mundo que se mueve entre la defensa de los derechos y el control de las obligaciones. Si somos ciudadanos de un país tenemos derecho a estar en él; y el propio país la obligación de hacerse cargo de nosotros. ¿Cómo detectar a los terroristas, cuando vivimos todos juntos? ¿Cómo frenar sus impulsos asesinos a la vuelta de sus viajes a destinos fanáticos si nos es obligado abrirles las puertas? No se le puede negar la entrada a un ciudadano nacionalizado pero, si existen sospechas, debería vigilársele con atención. Y en el caso de las certezas, es claro que tendría que ingresar en prisión, de inmediato. Si no se hace, el resultado puede ser un concierto de chiquillos como objetivo conseguido. Y todo un reguero de sangre sobre nuestras conciencias de seres impotentes, paralizados ante la brutalidad de quienes son capaces de matarse con tal de asesinar a cuantos más mejor… En una semana que acabará en otro gran acontecimiento en el Reino Unido, en Cardiff, a donde también irán muchos de los nuestros; es imposible dejar de pensar si todas las medidas de seguridad estarán tomadas al detalle; si no se escapará a la inteligencia de las personas normales esa grieta mínima, apenas visible, por la que penetra la oscuridad de los malvados…

Escribo en el mismo día en el que comienza el Ramadán. Espiritualidad y sacrificio musulmán. Y me pregunto ¿también lo observan los asesinos que luchan en nombre de una religión que los niega y que aboga por la paz? Si lo hacen, al menos, sabremos que durante un mes, estaremos a salvo…La paradoja de unas creencias sabias que a unos les hacen ser mejores y a otros los convierten en monstruos.

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