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Atrapados, sin salida.

 

Les rogué a mis chicos que no fueran a Cardiff a ver al Madrid, pese a que les hubieran correspondido por sorteo las entradas y estuviesen deseando hacerlo. De haberlo hecho hubieran tenido que quedarse en Londres y esa ciudad maravillosa, donde yo viví y trabajé durante años y a la que pertenecen algunos de mis más dorados recuerdos, está maldita. Los terroristas parecen haberla tomado con ella. Con el Reino Unido en general. Aunque ya, por lo que se ve, no estamos a salvo en ninguna parte. Andamos atrapados en nuestras propias normas, en el sentido de nuestra concepción democrática de la vida, que invita al respeto hacia todos los credos  e  ideologías. Incluso a los que no son respetables. En medio de nuestro bravo empeño sin fin en comprender a los demás estamos perdiendo nuestra identidad. No reconocemos nuestras raíces cristianas, y dejamos nuestras tradiciones aparcadas si molestan a quienes vienen, mientras nosotros tratamos de acomodar las suyas a nuestra vida diaria, por muchos problemas que nos suponga hacerlo.

Está claro que la religión musulmana no es la causante, en si misma de nada. Como también lo está que el buen musulmán es un hombre de paz; pero quizá por sus connotaciones específicas, por el rigor de sus férreas reglas o por las diferencias que establece entre mujeres y hombres nos pone al resto en una difícil encrucijada. Y el resultado es que, mientras pensamos cómo podemos hacer mejor las cosas, para ser más equitativos y darle a cada uno su lugar, los fanáticos aprovechan para quedarse con todo. Con la religión de sus hermanos para utilizarla como bandera de sus crímenes y con cualquier espacio de este mundo global al que quieren someter con su locura. La firmeza, supongo, implicaría que pagaran justos por pecadores, pero ¿acaso no es están pagando ahora solo los justos?

Theresa May y los británicos están “unidos, horrorizados y de luto” Pero eso, lo sabemos, no sirve de nada… (Por eso se quieren ir de la UE los brítánicos, ¿no?) Angela Merkel, tras los ataques, declaró que ya era hora de unirse en un propósito que no debería reflejar la determinación para derrotar el terrorismo, sino ofrecer algo más,  aportar una solución más visionaria que nos obligara a todos a involucrarnos. Han pasado 16 años desde el 11-S ¿No es el momento de cambiar de estrategia? ¿De plantearse lo que puede ser y lo que no? ¿De decidir cómo abandonar este callejón en donde nos tienen atrapados y sin salida?

 

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