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Macron, perfecto en política, pero…

No sé si Macron es el hombre perfecto, pero lo parece. Y no solo por esa pinta de chico reluciente, europeista, de razonable optimismo y enorme amor a su país, sino también porque, según su madre, “Laetitia Casta podría desnudarse delante de él y no pasaría nada”. O lo que es lo mismo, que él es un hombre fiel y devoto a su adorada mujer, veinticuatro años mayor que él, a la que jamás unió interés alguno, pese a la diferencia de edad, que no fuera el amor. Para quien desconfíe de las relaciones con tantos años de distancia, hay que decir que, al menos, en este caso, se empeñe quien se empeñe, no hay dineros posibles o imposibles de por medio, como los que se señalan en las historias “amorosas” de tantas jovencitas entregadas al brillo del poder o de los diamantes. Sin embargo, pese a la supuesta perfección de esta historia de amor verdadero que tiene subyugados a los franceses, a los europeos y al mundo entero, lo cierto es que a las que tenemos hijos cercanos a la edad en la que el ahora presidente se enamoró de sus profesora, se nos ponen los pelos como escarpias solo de pensar que una mujer veinticuatro años mayor y encima con marido e hijos, se pueda chiflar por nuestro niño -a los quince años se está en plena efervescencia adolescente, pero permanecen infinitos rasgos de la niñez-. No es que a mí no me guste la señora de Macron, Brigitte para más señas. Me encanta. La encuentro sexy, guapa y hasta diría que tiene una mirada indiscutiblemente inteligente. Pero si una como ella en su día, de treinta y nueve años. se acercara a mi hijo de 15…, no sé si me lanzaría a la calle con una recortada, pero desde luego sí que me iría directa a la comisaría a denunciarla. Con esto quiero decir que, aunque me parece estupendo que cada uno se enamore de quien le parezca, eso de que un hombre o una mujer ya maduros pierdan la cabeza por niños o niñas no deja de sorprenderme y hasta escandalizarme. Porque oigan, ya sé que el amor tiene razones que la razón no entiende, pero cuando un adulto muy adulto se chala por un niño, no acabo de creerme que la relación sea normal. O lo que es lo mismo, Macron es perfecto. Y su historia de amor, ahora, años después, en un momento en la que uno y otra tienen edad suficiente como para decidir cualquier apartado de su vida, me parece magnífica…, pero no tratemos de normalizar lo que no es normal. Porque esta historia, señores, es la misma de la Lolita de Nabokov, solo que con Lolito y, por suerte, final feliz. Vamos que me alegro por ambos, por el amor, porque por una vez la diferencia de edad favorezca a la mujer y porque el mundo entero lo aplauda, pero miren, si tenemos que aplaudir a Macron, hagámoslo mejor por su compromiso político que por esa relación personal que, de convertirse en ejemplo, haría que todos lleváramos al colegio a nuestras niñas y niños con un cierto recelo…

La Gaceta de Salamanca

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