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Marta Robles perfuma con violetas el Parador de Sigüenza

Marta Robles en Sigüenza. Foto: Jeosm

Fuente: ZENDA – De: JESÚS FERNÁNDEZ ÚBEDA - Fotos: JEOSM

La periodista/escritora participó en la cuarta jornada de las Noches Literarias para presentar su última novela, A menos de cinco centímetros (Espasa, 2017).

Cantaba el juglar de Vaquerizo: “Mucho exaspera a Don Pedro / la guerra con Aragón / y dicta pena de muerte / contra Blanca de Borbón. (…) Sobre su regia corona / la fatalidad cayó / hasta ponerla indefensa / frente al acero traidor / que sin mayores reparos / segara la vida en flor”. Los historiadores no se ponen de acuerdo ni con el dónde —que si fue en Medina Sidonia, que si en Jerez— ni con el cómo —que si de dolor y pena, que si de peste negra, que si envenenada, que si de un ballestazo— murió la efímera reina consorte de Castilla, esposa repudiada de Pedro I, apodado El Cruel por sus detractores y El Justo por sus partidarios: como puede comprobar el lector, ya en el medievo, siglos antes del nacimiento del poeta, palpitaban aquellos versos tan perennes y patrios: “Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”.

“El de Marta Robles es el cuarto literario seguntino que organiza la institución y que cubre Zenda —los protagonistas de los anteriores fueron Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado y Lorenzo Silva—.”

La misteriosa muerte de la noble francesa bien hubiera podido interesar al detective Roures, uno de los protagonistas de A menos de cinco centímetros (Espasa, 2017), el último libro/la primera novela negra de Marta Robles (Madrid, 1963). Con la obra como excusa, la periodista/escritora participó este viernes en la cuarta jornada de las Noches Literariasque organiza el Parador de Sigüenza, hermoso e imponente mostrenco altomedieval donde, en 1355, Pedro I encerró a doña Blanca. Los creyentes —o como se diga— en lo paranormal dicen que, entre sus muros, aún se oyen los sollozos de la desgraciada reina consorte —no en vano, Iker Jiménez celebró en esta fortaleza el bautizo de su hija Alba—.

Marta Robles en Sigüenza. Foto: Jeosm

El de Marta Robles es el cuarto literario seguntino que organiza la institución y que cubre Zenda —los protagonistas de los anteriores fueron Juan Eslava GalánJuan Gómez-Jurado y Lorenzo Silva—. El director del Parador de Sigüenza, José María Pérez, y el responsable de comunicación de Paradores, Ramón Ongil, nos explicaron cómo funciona el asunto –no me extenderé, una vez que ya lo han contado, en las entregas previas, otros compañeros zendianos: un viernes al mes, un escritor “nacional” es entrevistado en el Salón del Trono y, acto seguido, preside una frugal cena en la que los comensales pueden conversar y preguntar cuanto deseen al autor-. “Yo venía de Antena 3 —nos dice Ongil—, donde estuve veinte años. Me di cuenta de que en la revista de Paradores no había páginas de Literatura. Trasladé la idea a José María, le gustó, y pensé: vamos a divertirnos”.

“Respecto a los asuntos biográficos, la charla comenzó con una referencia a Las Magnolias, un grupo de amigas formado por, entre otras, Rossy de Palma y Mabel Lozano.”

Marta Robles llegó al parador mientras Jeosm combatía el calor con una mísera Shandy—perdona, tío: tenía que contar esta desvergüenza—. Nos saludó con una simpatía exenta de artificialidad y con mucha atención: al fotógrafo le preguntó por su último libro, Mujer (Autoeditado, 2017); conmigo conversó sobre El último pistolero (Círculo de Tiza, 2017), última obra de Raúl del Pozo en la que yo hice la selección de artículos y que cuenta con un texto mío. Al rato, el periodista de Cuenca me advertía por teléfono: “Marta es un ser maravilloso. Trátala bien”.

Durante la conversación con Ongil, Robles repasó, sin exhaustividad, parte de su vida y de su bibliografía, centrándose, en este segundo sentido, en A menos de cinco centímetros y en Haz lo que temas (Planeta, 2016), ensayo que recoge las inseguridades “que han marcado su vida y cómo ha hecho para vivir con ellas y superarlas”. Respecto a los asuntos biográficos, la charla comenzó con una referencia a “Las Magnolias”, un grupo de amigas formado por, entre otras, Rossy de Palma y Mabel Lozano; continuó comentando su gusto por los zapatos de tacón —“Tengo dos máscaras: una, la sonrisa, y dos, los tacones. Soy una mujer muy insegura”— o sus tentaciones—Ongil le ofreció chucherías, pero la escritora las rechazó “porque no puedo hablar con la boca llena”—, y terminó con una referencia a Las Setas Mágicas, “un grupo en el que yo cantaba y que, por suerte, dejé”.

Marta Robles en Sigüenza. Foto: Jeosm

“En A menos de cinco centímetros, la escritora quiso mostrar dos mundos: uno, que puede ser hasta obsceno, infestado de lujo, en el que se pueden pagar 400.000 euros por un libro, y otro, cargado de sordidez, con escenarios como el de la trata de mujeres”

Sobre A menos de cinco centímetros, Robles dijo que es una novela que, “pese a la dureza que tiene y a lo descarnado, huele a violetas”. El título, “mío al 100%”, hace referencia a una de las frases que utiliza el escritor Artigas, uno de los personajes de la obra, para conquistar a Misia Rodríguez de Rothman. Sobre esta, la autora dijo que “Misia es el nombre de la íntima amiga de Coco Chanel. La introdujo en la alta sociedad, en la aristocracia. Sacaron un perfume de Chanel con este nombre. Lo olí e, inmediatamente, encontré al personaje”. En cuanto a Roures, el detective, explicó que tiene un “pefil de Simenon”: “Tiene un pasado turbio, está atormentado. Para aliviarlo, lo que hice, aparte de convertirlo en un buen lector, le puse una gran colección de discos”.

Robles contó que le interesa la novela negra para “señalar, para denunciar una parte de la realidad”. En A menos de cinco centímetros, la escritora quiso mostrar “dos mundos: uno, que puede ser hasta obsceno, infestado de lujo, en el que se pueden pagar 400.000 euros por un libro”, y “otro, cargado de sordidez, con escenarios como el de la trata de mujeres”. La obra posee una potente carga musical —si hay una canción que la vertebra, es Across the Universe, de The Beatles— y sexual. Sobre esto último, hay matices: “No es un sexo por calentón, sino duro en el sentido de que hay vacío de amor. El sexo es un personaje más”.

Tras la habitual firma de ejemplares, los asistentes —entre los que estaban el presidente de Unidad Editorial, Antonio Fernández-Galiano; el alcalde, José Manuel Latre (PP); la concejala de Cultura, Sonsoles Arcones, y alumnos de los institutos locales— combinamos la degustación de un menú de dos platos, más postre y entrantes —todo riquísimo, caray: enhorabuena a quien/quienes corresponda—, con una más que interesante, parafraseando al secretario general del PSOE, “conversación de conversaciones”. Robles contó que no será el único libro que protagonice su detective Roures. También conversamos —entre gente del gremio, esto es más que habitual— sobre la difícil situación en la que se encuentra el periodismo patrio. La autora defendió que hay que apostar más por la cultura y reforzar, en este sentido, los contenidos y la labor de las televisiones públicas. Habló del turbión de datos —en ocasiones, excesivo— y de la confusión que estos generan entre los lectores/oyentes/espectadores. “¿Es el periodismo—pregunto— un lince ibérico, una especie en extinción?”. “No debiera serlo—responde—, estaríamos ante un grave problema. Pero los medios debieran cuidar más la distinción entre información y entretenimiento para evitar la fuga de lectores y el desprestigio”.

Marta Robles en Sigüenza. Foto: Jeosm

Además, Robles se reivindicó como autora y periodista más allá de la televisión, y narró un episodio vivido con Cela, durante una entrevista, “que pudo costarme la profesión”. El autor de Madera de boj, tras un arranque bronco, dejó a la periodista plantada durante una brevísima pausa publicitaria “porque él no iba a recibir un duro” de los anuncios. Lejos de perder los papeles, la periodista, con un par —y con las felicitaciones de sus compañeros—, explicó la situación a los espectadores y no consintió el toreo del marqués de Iria Flavia. Años después, cuando a Robles le dieron un programa propio, descartó a Cela como invitado y este se encabronó.

Mucho más amables que la actitud del Nobel fueron las preguntas de los jóvenes infantes seguntinos. Angelicos: ¡menuda transformación experimentarán como estudien periodismo!

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