Menu
Menu

“No existe relación científicamente demostrada entre los lácteos y algún tipo de perjuicio para la salud”

Dr. Francisco Botella / Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y nutrición (SEEN)

1) Somos el único animal mamífero que sigue tomando leche después de ser destetado ¿necesitamos los lácteos?
También somos el único animal mamífero que cocina garbanzos o que cuece el pan. Esa es una de las grandes ventajas evolutivas de nuestra especie, la extrema diversidad de productos de los que somos capaces de alimentarnos. En ese sentido, poder utilizar un alimento tan rico en nutrientes como es la leche, es una gran ventaja. No es necesario tomar lácteos, como ningún alimento en concreto lo es, pero es una fuente nutricional de proteínas, calcio y vitaminas liposolubles de primera calidad.

2) ¿Y de verdad nos aportan el calcio necesario para que nuestros huesos estén sanos o es infinitamente más importante el ejercicio, por ejemplo?
Para la salud de nuestros huesos hemos de asegurar la ingestión de calcio y de proteínas. Un plan de ejercicio saludable también constituye un elemento crucial. En este sentido, son medidas complementarias.

3) ¿Hasta qué edad se recomienda tomarla?
Es un buen alimento a cualquier edad, más importante en las épocas en las que se necesita mayor aporte de calcio, como en la infancia, la adolescencia, el embarazo, la lactancia y la menopausia donde es complicado, aunque no imposible, cubrir las mayores necesidades de calcio si excluímos a los lácteos de nuestra alimentación.

4) ¿Y en qué cantidad?
Entre 500 y 750 ml/d de leche o su equivalente en yogur, queso, etc.

5) ¿Por qué hay tantas intolerancias a la lactosa en la actualidad?
La intolerancia a la lactosa consiste en la incapacidad para digerir el hidrato de carbono que lleva la leche (lactosa) por la ausencia del enzima digestivo (lactasa) encargado de partir esta molécula en sus dos azúcares siemples, glucosa y galactosa. Los síntomas son distensión abdominal, sensación de pesadez, ruidos abdominales y, ocasionalmente, diarrea. Su prevalencia depende mucho de los grupos étnicos (más frecuente en asiáticos, africanos o latinoamericanos), por lo que la mayor multiculturalidad actual hace que se hable del problema en regiones donde antes era una rareza. No obstante, se calcula que en nuestro medio, aproximadamente, el 20 % de los adultos tiene cierto grado de intolerancia a la lactosa. En muchas ocasiones, la intolerancia es parcial y tomar un cortado o un yogur no produce ningún síntoma y, sin embargo, un vaso de leche o un flan si que daría manifestaciones.

6) De todos modos, los detractores de los lácteos dicen que su problema no está en la lactosa sino en la proteína de la leche, e incluso la relacionan con algunos cánceres de próstata, de ovarios, de pecho… Aunque otros señalan que eso sucede solo con la leche con estrógenos de las vacas embarazadas.
No existen pruebas científicas que apoyen dicha afirmación en estudios controlados. Los metaanálisis y las revisiones de la bibliografía no han encontrado relación de causa-efecto con ningún tipo de cáncer.

7) En todo caso, ¿es cierto que la caseína daña las paredes intestinales y provoca su deterioro?
De la misma manera, el consumo de caseína, una proteínas rica en fósforo presente en todos los productos lácteos, excepto en el suero, no ha demostrado tal efecto perjudicial. Son las personas que realizan estas afirmaciones las que deberían aportar las pruebas de las mismas y someterse a la evaluación crítica por parte de la comunidad científica.

8) Hay muchas leches en el mercado. Enteras, desnatadas, semidesnatadas, enriquecidas… ¿cuáles serían las más recomendables y por qué?
Los niños, adolescentes y adultos jóvenes sanos deben tomar leche entera, para aprovechar las ventajas de todo su valor nutricional. A medida que cumplimos años, desde el punto de vista dietético, es preferible de forma general recomendar lácteos desnatados que nos ayudarán a prevenir o retrasar las enfermedades relacionadas con la arterioesclerosis. En cuanto a las leches enriquecidas, que se caracterizan habitualmente por ser más caras, a veces el doble, que la leche “normal”, puede tener sentido en el caso de la leche desnatada enriquecida en vitaminas A+D (que habían perdido al retirar la grasa), así como leche enriquecida en calcio ( para las personas que no alcanzan los requerimientos de este mineral) o, de la misma manera, leche sin lactosa para aquellas personas con intolerancia a la misma. El resto de “enriquecimientos” tienen un valor nutricional más dudoso en las personas con hábitos de alimentación saludable y suelen ser estrategias de mercado que se basan en la siguiente premisa: complementar una alimentación previa poco saludable.

La Razón

Back to Blog

Deja un comentario

Back to Blog