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Qué paradoja

Si acatamos las conclusiones judiciales del caso de Marta del Castillo, Samuel, el colega del Cuco, cómplice del presunto autor material del asesinato de la joven, está limpio. Eran amiguitos todos…., pero nada más. Samuel salió absuelto, así que, oigan, hay que aceptar que para la Justicia, esa gran amiga de la verdad, el tipo es ajeno a ese asunto turbio, donde los padres de la víctima ni si quiera tuvieron nunca un cuerpo para enterrar. Pero, ay, la Justicia, entre lenta y tantas veces absurda, en demasiadas ocasiones no parece justicia. Por eso muchos agachan la cerviz, pero conservan intactas, no sé si  las ansias de venganza, pero sí, los desprecios por todos los involucrados, condenados o no, en procesos que no parecen nada justos. ¿Cómo va a ser justo que un padre jamás pueda honrar el cuerpo de su hija asesinada? Ahora Samuel, que vive en Francia, es “artista” y probablemente ya ha olvidado a Marta y al dolor que siempre la rodeo, va a ser papa. Y no quiere, claro, cómo va a querer, que la sombra de la desgracia y el malestar permanente de la familia de Marta del Castillo empañen esa alegría suya que cree nueva y de nadie más. La misma, sin embargo ,que seguramente sintió el padre de Marta, cuando su mujer le comunicó que la esperaba. Samuel, amigo del asesino, mentiroso como todos los del grupo, contó esto y luego aquello del caso de Marta y del paradero de su cadáver… Y la niña no apareció. Aún nos dolemos todos con aquellos engaños. Mientras, Samuel, que salió indemne, va a ser papa y exige el respeto del papá de Marta… Qué paradoja.

La Razón

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