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Los peligros del asfalto

Las ciudades cada vez se complican más. Somos muchos y tiene  haber espacio para todos: para los autobuses, los taxis, los coches, las bicis y, naturalmente, los peatones. En los últimos tiempos, como la bici se ha puesto de moda, por salud, por necesidad o porque por fin se ha contemplado como medio de transporte, se habla sin cesar de algunas víctimas a lamentar, por la falta de comprensión por parte de los conductores o porque no se les concede el espacio imprescindible para su seguridad; pero también hay que decir que hay ciclistas que quieren nadar y guardar la ropa. O lo que es lo mismo, que quieren su espacio particular para circular y luego meterse además por donde les dé la gana. Esto también les sucedes a muchos peatones que piensan que tienen más derecho que los otros y deciden demasiadas veces no seguir las normas establecidas. Más allá de los trastornos que su indisciplina pueda ocasionar, está ese peligro que tantos de ellos ni siquiera contemplan. Porque se juegan la vida. Literalmente. Los atropellos son la segunda causa de muerte en accidente y yo misma, poniéndome tanto en el lado del conductor como el del peatón me pregunto cómo no acaban siendo más de los muchísimos que ya se producen. Y lo digo porque cruzar por cualquier parte, sin mirar, pensando que el coche ya parará, o incluso ir andando por la calzada, a veces incluso empujando carritos de niños, está a la orden del día. No nos damos cuenta de que la propia cotidianidad deja más víctimas que cualquier otro asunto y que el asfalto es peligroso sobre ruedas, pero más aún sobre piernas y pies.

La Razón

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