Menu
Menu

Niños y coches

Hace ahora ocho años, cuando mi hijo pequeño tenía dos, un día, al recogerlo de la guardería lo metí en el coche y lo senté en su sillita, y dejé la llave, apenas un minuto, mientras yo rodeaba el vehículo para ocupar mi sitio. Tenía los deditos aún tiernos y con poca fuerza pero era suficiente como para poder juguetear con la llave y le encantaba, así que se la dejé. ¿Qué podía pasar? En un instante, antes de que yo llegara al asiento del conductor, mi bebé –que aún lo era- apretó el botoncito central de la llave y ¡zas! cerró el coche… Corrí a su ventanilla y con todo mi amor le recité no sé cuántas palabras bonitas, mientras le instaba a abrir la puerta. “Abre, mi amor, por favor. Dale al botoncito, hijo, te lo suplico…” El niño miraba la llave y jugueteaba con ella entre sus manitas mientras me miraba con fijeza, como retándome, hasta que, de pronto, las llaves se le cayeron al suelo. Me pareció que lo hacían a cámara lenta… Corría el mes de junio ya avanzado, eran los últimos días de “cole” y un sol abrasador pegaba contra la carrocería del coche… Me volví loca, traté de romper el cristal, avisé a los bomberos… a los 15 minutos, conseguí que me trajeran un duplicado de la llave del concesionario… No puedo entender que alguien “olvide” a un niño en un coche. Menos aún que lo deje conscientemente y se vaya a hacer la compra, como hace pocos días ocurrió en Málaga. Y no es la primera vez. En este caso, el niño estaba deshidratado, en otras ocasiones, el episodio se volvió tragedia.

Back to Blog

Comentarios

Deja un comentario

Back to Blog