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¿Turismo a cualquier precio?

España se debate entre el amor y el odio al turismo. El mismo sector al que tanto le debe nuestro país y que, según los políticos, ha sido y sigue siendo el potenciador de la salida de la crisis, empieza a agobiar a algunos españoles.

Aunque nosotros , en general, siempre hemos sido receptivos y amables con los turistas, cuando se convierten en los dueños de todo lo nuestro y nos arrasan sin dejarnos espacio, casi todo empezamos a inquietarnos Es obvio que la turismofobia es una soberana memez, como siempre impulsada por todos aquellos que quieren cargarse el sistema, sin dejar de formar parte de él; pero también es cierto, que a base de querer recibir turismo a todo costa, hay algunos antiguos paraísos de nuestro país, que andan convertidos en Sodoma y Gomorra.

El alcohol, las drogas, el sexo fácil, el follón y sobre todo, el mal gusto, imperan en lugares antes tan maravillosos como por ejemplo Magaluf, Lloret de Mar, Calella, Salou, Gandía o la Barceloneta. Está claro que los culpables de los deterioros son quienes protagonizan los bochornosos espectáculos de balconings,  felaciones,  borracheras, etc. etc. , pero no solo ellos. Hacerle la vida agradable a los turistas, no significa transigir con todo ni convertirse en un parque temático de excesos.

En un país como el nuestro, donde hay unos paisajes inigualables, una gastronomía excepcional, una hostelería extraordinara y  un clima envidiable, nos podemos permitir subir ligeramente el listón y explicarles a los tour operadores internacionales que se acabaron los duros a cuatro pesetas. O lo que es lo mismo, que si quieren visitar el edén, tienen que saber que existen unas normas para no cargárselo y convertirlo en el infierno.

Todo ese turismo alcohólico de ínfima categoría, que llega en aviones low cost, en vuelos que forman parte de un paquete cerrado y que suponen un gasto mínimo para sus protagonistas -y un beneficio mínimo para nosotros- no solo provoca el rechazo de los locales sino que ahuyenta a otro tipo de turismo, que resultaría mucho más provechoso  para España y que acaba eligiendo otro destino para no encontrarse con tanto torso desnudo, tanta gorra, tanta chancla y tanta perdida de la consciencia en medio de un chunda-chunda que no cesa a ninguna hora del día. Por eso, sin duda, turismo sí, gracias. Pero no a cualquier precio ni de cualquier manera…

La Gaceta de Salamanca

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