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Mis respetos, Don Mario

Mario Vargas Llosa,  el premio nobel que lleva dejándonos muestras de su talento inagotable desde hace décadas, parecía haberse eclipsado tras los brillos del papel couché que otrora despreciara. Sin embargo, este hombre de fina estampa y afilada y certera pluma, nos ha vuelto a dejar boquiabiertos con ese compromiso suyo que nadie le había reclamado. Él que no es de aquí ni de allá, que tiene una edad y un porvenir, que no necesita prodigarse en actos difíciles porque le sobra relumbrón se puso el domingo a la cabeza de la manifestación en Barcelona por la unidad de España. Utilizó su verbo indiscutible para defender a miles y miles de catalanes que salieron de su casa en una mañana soleada y que “son catalanes democráticos, que no creen que son traidores quienes piensan distinto a ellos. Catalanes que no consideran al adversario un enemigo, que no ensucian sus puertas, ni destruyen sus vitrinas. Catalanes que creen en la democracia, en la libertad, en el Estado de derecho, en la Constitución”. Don Mario, como en otras ocasiones en distintos lugares, en su Perú Natal y donde se le haya requerido, regaló a los manifestantes y al mundo entero un discurso excepcional repleto de guiños a la historia de España, con Cataluña en el epicentro, en el que apelaba a la reflexión sobre la pasión que “ha causado más estragos en la historia: la pasión nacionalista” y señaló, sin arredrarse en estos días en los que el nacionalismo catalán se ha atrevido a tanto que “el nacionalismo ha llenado la historia de Europa y del mundo y de España, de guerras, de sangre y de cadáveres”, advirtiendo también que  “desde hace algún tiempo viene causando estragos también en Cataluña”. El Nobel pronunció un discurso sin fisuras, apuntalado por el de un resplandeciente Josep Borrell que, desde hace tanto lleva avisando de una situación inabordable: “si se declara unilateralmente la independencia este país se va al traste” El diputado europeo, sostuvo en la mano una bandera europea y aseguró que “esta es nuestra estelada”.Lo de Borrell es reiteradamente de aplauso sincero y desde el corazón y, como se ha señalado en El Español, lo convierte en el líder moral del catalanismo no separatista; pero lo de Vargas Llosa, pese a que no supiera pronunciar los apellidos catalanes (¿de verdad nos tenemos que quedar siempre con la espuma de las cosas?), es un compromiso más allá de la política convencional, que emerge del corazón de un ciudadano del mundo que se sabe influyente y que quiere poner su poderío al servicio de una causa justa. Mis respetos, Don Mario. Una vez más.

 

La Gaceta de Salamanca

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