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¿Incompatible? O no

Publicado en La Razón

De los trasplantes de  corazón se han escrito ríos de tinta. Verdades científicas sobre su importancia médica o cuentos chinos sobre si el que lleva un corazón regalado, recibe con él, además de una vida nueva, unos nuevos sentimientos.. El corazón, ya se sabe, siempre se asocia a ese “estado de imbecilidad transitoria” llamado amor (Ortega y Gasset dixit),  tal vez porque cuando se ama es imposible controlar la multiplicación de sus latidos. Y siempre pensamos que eso solo sucedía cuando encontrábamos a alguien compatible. Un requisito que nos toca revisar. Porque si hasta ahora también era necesaria  la compatibilidad para intercambiar con éxito un corazón deteriorado por otro en buen  estado, ahora ya no lo es. Y Carla, una niña de cinco meses es la prueba. Vivía pendiente de un corazón ajeno para poder seguir con sus sueños; pero solo de alguno que pesara poco, no le era imprescindible la compatibilidad. Con el peso bastaba según el equipo de la doctora Camino, directora de la Unidad de Trasplante Cardiaco Infantil del Gregorio Marañón, que  esperaba un órgano vital que poder intercambiarle a la niña por el suyo, desde su nacimiento, y que en cuanto lo recibió, de peso justo, aunque de sangre distinta,  no dudó en trasplantarle en tiempo record. Y ahí está, latiendo y cumpliendo un reto más del ser humano,  que hace descender el riesgo de mortalidad de los niños con el mismo problema que Carla, desde un 75 por ciento a un 5 por ciento, y que acaso nos hará reflexionar sobre si, entre todas esas medias naranjas que hemos descartado , alguna pueda volvernos transitoriamente imbéciles, por mucho que, de entrada , la desecháramos por incompatible.

 

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