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Sexo y violencia

Publicado en La Razón

Son dos de las adicciones que más dañan a la sociedad. Y aunque muchas veces vayan acompañadas de otras drogas con las que facilitarlas o animarse, ellas, por si mismas, ya suponen el estímulo suficiente como para provocar ese subidón de adrenalina que tantos buscan, a veces sin ni siquiera saberlo. Es el caso de muchos jóvenes, que en un entorno hipersexualizado, donde cada vez se relaciona menos el sexo con el sentimiento y donde la violencia tanto en la vida real como en la virtual forman parte del ocio cotidiano, acaban enganchándose a ellas.  El tándem sexo y violencia ya no es algo fuera de lo corriente; son muchos los que lo consideran fundamental para darle sentido a sus vidas. Así las cosas, la crueldad precisa para someter a un ser humano ya no es extraordinaria, ni se da en situaciones límite. Es normal..  Y como el sometimiento más grave del individuo pasa por lo sexual, por esa intimidad que al ser profanada lo deja indefenso, las violaciones son cada vez más frecuentes. Y más aún  las grupales, que tienen un sentido festivo desde el que sus actores se justifican y protegen, para poder comportarse como nunca nadie hubiera sospechado que fueran hacerlo. Cuando se les pregunta por sus tropelías compartidas, la respuesta provoca pavor. Sencillamente lo consideran lícito, es…, una manera de entretenerse. Una diversión audaz que les hace sentirse más y mejor. El poder es embriagador y para muchos, en esta sociedad enferma, la única forma de acceder a él es a través de unir el sexo y la violencia, dos drogas de todos los tiempos, que siguen vigentes en el siglo XXI.

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