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Respetar las opciones: un valor muy nuestro

Publicado en La Gaceta de Salamanca

En los últimos días he pensado mucho si debía secundar la huelga de mujeres o no. Como autónoma pluriempleada que soy podría haber aprovechado para encajar mis horarios y no perderme los ratos del día remunerados, que al querer hacer mi apoyo visible, implicarán una reducción en mis ingresos por colaboraciones, siempre irregulares; pero, tras muchas reflexiones, he considerado que debo secundarla. He apoyado las reivindicaciones de las mujeres desde la universidad y luchado contra la violencia machista –en todos los sentidos-, desde entonces; y sí tenía dudas de sumarme a esta convocatoria era por varias razones. De ninguna manera quería contribuir al rédito político de un partido como Podemos, cuyo discurso cambiante y oportunista, no me representa en ningún sentido y menos aún en el feminista, donde solo pone el dedo en la llaga en estupideces. Me opongo furibundamente a que patear el leguaje sea necesario para nuestra causa. Entiendo que debe ir transformándose según lo hace la sociedad, pero me enerva pensar en los empeños de ridiculizarlo para conseguirlo. Además de eso, estoy tan en contra de abusos y acosos de siempre, que casi me sonroja que sea el movimiento “me too”, quien haya tomado la iniciativa internacional; pero no por eso considero que todo sea acoso y abuso, y pretendo que seamos capaces de diferenciar, para no restar importancia a la lucha contra ambas lacras. Por último,  estoy un poco cansada de que un cierto sector del feminismo me señale la ropa o la belleza como cárceles de la mujer del siglo XXI cuando, en nuestro entorno,  más que nunca ,  hombres y mujeres siguen las pautas de moda y belleza casi por igual y  nunca habíamos estado tan equiparados en este aspecto. Y si me apuran, también me pudre que haya quien se siga empeñando en querer que los hombres y las mujeres seamos idénticos, o si no, debamos enfrentarnos. Iguales no seremos jamás. Y nuestras diferencias deben servir para comprender el mundo mejor, desde miradas distintas pero partiendo de los mismos derechos y oportunidades. ¿Por qué hago la huelga entonces? Porque creo que  es –o debería- ser, una huelga  más simbólica que política. Y entiendo que el mundo necesita símbolos para visibilizar problemas sin resolver. Entre ellos, los de las mujeres, en el centro de la violencia machista de una sociedad hipersexualizada, y objeto de agresiones cotidianas de desigualdad, en todos los ámbitos. Eso sí, sé que hacerla es una opción. Y también que hay quien considera mejor otras. Y lo respeto sin ambages. Creo que ese es el talante de las mujeres. Uno de nuestro valores diferenciales…

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