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Sin esperanza

Publicado en La Razón

No hay nada más bochornoso en la historia de la humanidad que la esclavitud. Que un hombre piense que puede poseer a otro hombre y manejarlo a su antojo es pura ignominia. Sin embargo, es el pan nuestro de cada día desde que el hombre es hombre.  Había esclavos en los tiempos de los egipcios y sique habiéndolos ahora. Esclavos de la pobreza, del hambre, de la falta de caridad  de individuos  sin escrúpulos, capaces de idear toda suerte de estrategias para que los más débiles se plieguen a sus deseos. Pensar que hemos llegado al siglo XXI con niños esclavos que trabajan desde la más tierna infancia para sus amos, con varones que para sacar adelante a sus familias aceptan las más miserables condiciones laborales rayanas en la  esclavitud, con mujeres engañadas que se convierten en prisioneras tras intentar proporcionarle a los suyos una vida mejor es sonrojante.  Pero hay algo peor: saber que los que han sido esclavos, cuando dejan de serlo y recuperan, quizás por puro azar, la libertad ,no solo no encuentran ayuda en quienes tanto condenaron desde las distancia sus cadenas, sino que reciben su rechazo. Sí. El suyo y el mío. El de todos. Y si no, pregúntense qué pasa, por ejemplo, con tantas mujeres captadas con artimañas para la prostitución, que no pueden abandonarla si no quieren poner en riesgo a su prole, ese día en que, cuando ya las consideran gastadas, las devuelven al mundo libre. ¿Acaso creen que las aceptamos, las apoyamos, y les procuramos posibilidades? No. No lo hacemos. Ni nosotros, ni nuestra legislación, ni nuestro país. Por eso, tantas veces, vuelven solas a la esclavitud, con más dolor aún, y menos esperanza…

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