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El miedo

Publicado en La Gaceta de Salamanca

 

El juicio de la manada ha igualado a  las mujeres como casi nada lo había conseguido. Todas nos hemos sentido idénticas a la víctima, tan indefensas como ella, tan juzgadas por nuestro comportamiento como la abusada, tan agredidas en nuestros derechos como la que no ha sido considerada violada, pese a las once penetraciones vaginales, anales y bucales de cinco individuos diferentes. Las voces de mujeres solteras, casadas, viudas y hasta monjas se han alzado para compartir no solo indignación, sino también un miedo antiguo, de siempre, instaurado en nuestra memoria y aceptado y callado demasiadas veces. El miedo a caminar solas de noche, a entrar en un portal, a conducir sin compañía después de una cena y meter el coche en el garaje de nuestra casa, a aparcar demasiado lejos, a tomar más de una copa, a no revisar si en ella nos han podido introducir algo… Un miedo que forma parte de nuestras vidas, de nuestro ADN y del que pese a todos los logros conseguidos por tantas de nosotras, no nos hemos podido desprender en veintiún siglos. Ese miedo que sienten las mujeres de cualquier estado civil, de cualquier condición e incluso posición social. Un miedo que han reconocido las valientes Carmelitas desde su clausura y la no menos valiente presidenta de Banco de Santander, Ana Patricia Botín, desde su atalaya. Ni una sola mujer puede decir que jamás ha sentido ese miedo establecido con el que hemos convivido toda la vida sin más resistencia que la resignación. Sin embargo, parece que el juicio de la manada, además de igualarnos, de convertirnos en hermanas de leche a todas, si alguna vez creímos que no lo éramos del todo, ha logrado no solo que confesemos el miedo, sino que gritemos que estamos hartas de él, que no lo queremos ni en el trabajo, ni en la calle, ni en nuestra casa y menos aún en nuestra cama. Que reclamemos poder entrar en cualquier parte, con cinco, con diez o dieciséis sin que peligre nuestra integridad física, y que advirtamos de que no consentiremos más dudas sobre nuestra falta de participación y la agresión que eso supone solo porque hemos tratado de salvarnos del miedo mismo, bloqueándonos hasta que pase la desgracia que lo acompaña. El miedo siempre fue y ha sido de todas, seamos quienes seamos y como seamos; pero que sepa esta manada y todas las demás que desde ahora, todas juntas, nos hemos propuesto enfrentarlo…

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