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La perfección es enemiga de lo bueno

Publicado en La Gaceta de Salamanca

Lo dijo  Shakespeare, que siempre decía todo muy bien. Y yo lo suscribo. El problema de las mujeres, encerradas en nuestro cuerpo desde que tuvimos que cautivar a Adán para que se zampara la manzana del pecado, es que la obligación de la belleza nos lleva sumiendo, desde siempre,  en una profunda infelicidad. No se trata de abandonarse y convertirse en un reflejo de nuestras propias posibilidades, sino de aceptar las que nos corresponden y no pretender las de al lado, por sistema, solo porque el mundo nos lo impone.  Para sentirnos guapas, es imprescindible que nos queramos. Y eso no sucede por estar más o menos perfectas sino por aprobarnos tal cual somos. No quiero ser injusta y caer en la tentación de pensar que este es solo un problema nuestro, de las mujeres. Los hombres cada vez se sienten más presionados también…, pero no como nosotras.  Ser simpáticas, inteligentes, agradables, buenas madres, limpias, trabajadoras, honestas, jóvenes y sobre todo, guapas, no es una opción: es una condición imprescindible para nuestra supervivencia. O eso es de lo que quiere convencernos la sociedad, aunque la realidad sea muy distinta. Para sobrevivir y, más aún, para vivir con ganas, disfrutar de la vida y ser felices, al menos a ratos –la felicidad constante y completa no existe- no es preciso ser nada que no seamos, solo es necesario que no queramos ser otras distintas de las que somos. Y para muestra, un botón: la historia de la activista Taryn Brumfitt, una mujer que se hizo famosa por enseñar dos fotos: una antes y otra después de dejar de entrenar. Brumfitt una australiana de 39 años de edad, se atrevió a confesar –y sobre todo a confesarse- lo que todas de una manera u otra sentimos: que no era perfecta y que le dolía hasta extremos insólitos no serlo. Tras años de despreciarse y seguir toda suerte de dietas, además de exhaustivas sesiones de entrenamiento, esta mujer, fotógrafa y madre, se presentó casi como una diosa…Pero, ¡sorpresa!, se dio cuenta de que tampoco así se quería, ni se encontraba perfecta. De pronto, una especie de soplo del Espíritu Santo le llenó de inspiración  y comprendió que “mi cuerpo no es un adorno, es el vehículo para alcanzar mi sueño”. Así que no se trataba de que fuera perfecto, sino de amarlo con sus imperfecciones y agradecerle lo mucho que le proporcionaba para ser feliz. Ese fu el comienzo del movimiento “Body image” que comenzó con fuerza con el libro “Embrace”, siguió con una película y, lo más importante, hizo que millones de mujeres alcanzarán la autoestima… 

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