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Que venga Banaché

Publicado en La Gaceta de Salamanca

Acaban de robarme en el chalé…, que venga “Banaché”. Seguro que a Pablo e Irene ni les suena esta estrofa de canción que hacía referencia a un detective que salía en televisión en mi niñez. El ínclito “Banaché” (un guapísimo George Peppard) siempre iba a los chalets de marras, purito en ristre, para averiguar detalles de cualquier peregrina investigación, en la que alguno de sus elegantes propietarios, ¡bingo!, estaba implicado en el caso.  Más allá de Banachek  y de sus pesquisas televisivas, lo de tener “chalet” hasta ahora, parecía un estigma. Quien lo tenía, mira tú, era rico y, además, vete a saber qué ocultaba tras esa riqueza. Pablo e Irene, los que más apuntaron          –sobre todo él- a las viviendas unifamiliares como “lugares donde se aislaban los ricos”, han acabado con eso. Ahora no es que ya se pueda tener un “adobado” –chalet adosado en lenguaje común- sin ser sospechoso, sino que ni siquiera poseer una gran parcela estará mal visto, siempre que se tengan niños –mejor si son de dos en dos- que corran por la pradera correspondiente. Bienvenida sea la iniciativa de la pareja podemita, que les quita un peso de encima a quienes viven en chalets (muchos superpoblados) desde hace tanto, con las hipotecas y los gastos infinitos que representan las viviendas unifamiliares a cuestas.  Sarna con gusto no pica, pero mortifica…, ya lo saben.  Está claro que la pareja ha pecado de incoherencia porque no se puede cambiar tanto de discurso en cinco años. Y también que muchos de los jóvenes que se pongan en su piel considerarán que esos casi seiscientos mil euros de hipoteca –aunque sea repartida entre los dos-, ellos no los podrían pagar ni al borde de la jubilación; pero también puede que representen una meta alcanzable para todos. Y eso no está mal. Aunque no sé yo si alguien podría prosperar tanto en otro trabajo a menos que le tocara la lotería. Porque pasar de mileurista (así se definía Pablo Iglesias) a poder comprarse un chalet y vivir en él no es fácil.  Al menos fuera de la política, donde los sueldos no están asegurados y ni hay complementos, ni dietas, ni nada, es casi un milagro. Si Pablo venía de la Universidad e Irene no había tenido ocupación formal previa, está  claro que lo de ser diputado –que ya lo sabíamos por otra parte-, se pertenezca al partido que se pertenezca,  parece bastante rentable…Así las cosas, y con lo difícil que les resulta prosperar en la sociedad de hoy a los más jóvenes, va a haber muchos que quieran seguir sus pasos. Primero en la política y luego en chalet, claro…

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