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URDANGARÍN

Publicado en La Gaceta de Salamanca

 

Ayer Iñaki Urdangarín entró en prisión y observé en ciertos comentaristas un grado de satisfacción que me pareció, cuando menos, digno de estudio. ¿A qué se debe tanto regocijo? ¿Tal vez a que quien va a prisión es el yerno del rey emérito y el cuñado del actual, por más galones que la hayan ido arrebatando sus errores? Disculpen que a mí no me haga feliz ver a Urdangarín preso. Ya ven, yo entiendo que las equivocaciones hay que pagarlas como decida la Justica, como no; pero no me alegra el mal ajeno en ningún caso y menos el escarnio público. Lo encuentro medieval. Impropio de una sociedad civilizada como la nuestra. Además, la imagen de Urdangarín no ya entrando en la cárcel, sino saliendo de recoger la orden en la Audiencia Provincial, entre los gritos iracundos de tantos que probablemente tiempo atrás le vitorearon me provoca cierto malestar. ¿Acaso es necesario ese plus de odio y de desprecio? Porque ese hombre también tiene hijos y sentimientos…Como los que gritan.

Me inquieta de verdad –y sé que no es popular decirlo- como cambiamos en cuestión de segundos cuando nos lanzamos a la calle. Como pasamos de aplaudir a insultar o de derrochar amor a invadirlo todo de odio. Aún recuerdo como los bondadosos vecinos que buscaban entre lágrimas al “pescadito” se volvieron implacables contra su asesina. Una malvada, desde luego, pero… tanto odio, tanto, provoca, o al menos a mí, un miedo inevitable. En realidad, lo que me aterra es la masa unida contra uno y dispuesta a lincharle aunque sea con la palabra ya que no lo puede hacer con obras.

Se supone que nuestra cultura es la del perdón, la cordura y la rehabilitación; pero cada vez me doy más cuenta de que estigmatizamos a cualquiera incluso por haber sido imputado, aun cuando eso no signifique nada. ¿Este es el Estado del que presumimos? ¿En el que se es inocente hasta que se demuestre lo contrario? ¿Y cuándo se deja de ser culpable? ¿De verdad se consigue tras haber “pagado”? Y hablando de pagos… ¿Qué nos pasa que parecen irritarnos más los delitos económicos que los de sangre y que cada vez exigimos con mayor vehemencia que a quien los comete se le marque para siempre, mucho más que a quien asesinó? Iñaki Urdangarín está en la cárcel. Y perder la libertad es muy duro para cualquiera. Sea rey o mendigo. No le hagamos pagar más de lo que le ha impuesto la Justicia.

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