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“El trabajo físico tiene muy mala prensa pero está en el origen del hombre”

Publicado en La Razón

MILAGROS FRÍAS, escritora. Ganadora del XI edición del premio Logroño de Narrativa con “El corazón de la lluvia” (Algaida)

Milagros frías es una mujer callada y observadora. Parece como si anduviera siempre investigando la vida a través de sus grandes ojos fijos, impertérritos. Podría ser de cualquier lugar. Solo cuando habla , sonríe y retira su melena oscura, adornada con mechones blancos, se le nota la procedencia. Es extremeña de nacimiento, pero gallega por parte de marido. Tal vez por eso su última aventura literaria “En el corazón de la lluvia” (Algaida,) ganadora de la XI edición del Premio Logroño de Narrativa, se desarrolla en esa Galicia empapada, donde parece que no pueda pasar nada, aunque luego los sobresaltos se sucedan. El primero de ellos no es otro que la reflexión sobre el giro que podría dar cualquiera de nosotros para abandonar la desasosegante  vida de la ciudad e instalarse en el campo. “La vida es muy larga, con pasajes agradables y otros muy desagradables –cuenta Milagros- Y creo que las posibilidades que nos ofrece la época es poder darle ese giro completo a la vida, cambiar radicalmente los escenarios vitales y buscar algo que nos llene más. Mi protagonista, que viene de la deshumanización de la ciudad, del trabajo estresante, de las relaciones sentimentales intensas pero inconclusas, se reencuentra a sí misma en el campo, en un pueblo pequeño, en una Galicia lluviosa e invernal donde encuentra una manera de vivir auténtica, en la que las personas por la mañana se levantan con ganas de vivir y hacen todo lo posible por ayudar a quienes les rodean.”. Esa protagonista, Laura, es el reflejo de muchas mujeres de su tiempo, ya en la cuarentena, con una existencia prácticamente dedicada por completo al trabajo y  trufada con historias casi más de entretenimiento que de amor y una identidad tan difusa que podría ser suya o de otras muchas.  No parece un acto de valentía alejarse del escenario de una agobiante capital internacional y de un trabajo que devora el alma, pero lo es: no muchas personas se atreverían a cambiarlo por la pacífica tranquilidad del campo. “Hay que tener en cuenta que la cultura en la que Laura se ha metido de hoz y coz, por cuestiones laborales, es la oriental; y  es muy críptica. Para los occidentales no es sencillo convivir con unas personas que tienen en la máscara y en el control de las expresiones una facultad casi innata y en el caso de Laura ayuda a que no encuentre su sitio. Pero no lo encuentra además, porque es una de esas mujeres que tiene más facilidad para entablar amistad con los hombres que con las mujeres.  Hay un terreno donde la amistad entre un hombre y una mujer no tiene fronteras definidas y  el paso para dejar el terreno amistoso y meterse en una aventura se da más fácilmente, sobre todo en un entorno como el de Shangai, donde es difícil tener un tejido emocional propio,  porque los que viven en él están de paso y no tienen tiempo de comprometerse ”. No parece el mejor escenario para la felicidad. Pero una cosa es dejarlo y volverse a casa y otra apartarse del mundo y someterse, para empezar,  al escrutinio desconfiado de los habitantes de un pueblo pequeño, con pocos habitantes… “Yo creo que en la España rural, que se nos está quedando reducida al chasis literalmente, hay, sí, una desconfianza inicial, porque el extraño siempre trae una pátina de misterio que despierta prevención; pero es ahí donde Laura va a encontrar a una serie de personas que, sencillas y auténticas,  que una vez que confían en la persona que llega se vuelcan, la ayudan a instalarse y están encantados de tenerla en la vecindad” Una vecindad muy reducida pero multicultural, porque hay gallegos que se van, pero gente de todo el mundo que elige el campo de Galicia para quedarse  “En las contradicciones de la actualidad se da el caso de que la comunidad gallega exporta mano de obra a un nivel de desangrarse prácticamente de gente joven y como contrapartida también es una de las regiones que más emigración recibe. Y en este pueblo que se llama Limia de Lemos, hay una comunidad de gente joven afín a las inquietudes y a las expectativas que tiene Laura, que ha venido de lugares diversos de Europa y que se ha quedado a vivir allí, como la propia Laura, porque de repente han encontrado calor en sus vidas. Ellos sienten una especie de afinidad con la recién llegada y también la ayudan, aunque envidien ciertas ventajas suyas al ser española” Lo que se desdeña en la vida de la ciudad, pero casi parece atractivo en la novela es el trabajo físico… “El trabajo físico tiene muy mala prensa pero está en el origen del hombre. En  otro tipo de trabajo el fruto se ve efímeramente, y luego, rápidamente, al día siguiente, se regresa a las oficinas o a la fábrica a hacer una tarea repetitiva que, inevitablemente, un día más tarde será ya de pasado. Con el trabajo físico, concretamente de trabajar en el campo, se va viendo poco a poco una progresión que es casi milagrosa. Hay un componente de estar en contacto con la naturaleza que tira del cambio de las estaciones, del trascurso de los días con sus cambios de luz, de la mañana, la tarde, la noche… De plantar la semilla, de estar en contacto con la tierra, de tener un horizonte abierto y poder ponerte un horario que te resulte humano y en el fondo tener esa sensación de utilidad”. La protagonista, además, en este escenario que parece más tranquilo de lo que luego resulta –en la novela hay thriller e incluso asesinatos-, va a encontrar por fin el amor. Dos amores incluso…  “Si a mí como mujer, no como escritora, me dieran a elegir entre esos dos amores lo tendría muy difícil. Uno es un amor de los que pasa directamente al ADN, permanece en la memoria y deja una herida que nunca cicatriza;  el otro es el descanso del guerrero una relación sin esa línea de finitud que existe en el otro. Una especie de amor cenital…”

 

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Milagros Frías nació en Jerez de los Caballeros, Badajóz en 1955. Tiene dos hijos y se siente orgullosa “probablemente de haber nacido en 1955 y de momento estar viviendo en 2018 porque ofrece la posibilidad de ver un cambio veloz de civilización” Se arrepiente “de no actuar a bote pronto en muchas circunstancias y hacerlo cuando ha pasado el momento de reaccionar” Sobre perdonar dice“¿es necesario?” y en cuanto a olvidar  “más fácilmente, porque la memora es anárquica”. Le hace reír “las salidas de tono y  también el humor que saca punta y se ríe de las circunstancias más dramáticas” Y llorar “los signos irrevocables de muerte en una persona enferma” A una isla desierta se llevaría “una compañía con la que no me peleara todo el rato “ Le gustan “los platos de cuchara, el café, el vino blanco con el estómago vacío y el tinto con comida” No reconoce manías pero si el vicio  “de la escritura, la lectura y de pontificar con los hijos aunque no te hagan caso” No recuerda los sueños, de mayor le gustaría ser “una anciana esquelética tipo Simone de BEauvoir, que no era esquelética pero sí singular” Y si volviera a nacer “en el mismo año y en el mismo contexto la misma… En otro, es un misterio para mí”.

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