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Manchas negras

Publicado en La Gaceta de Salamanca

Desde los tiempos de Woodward y Bernstein y el Watergate no ha habido periodista influencer (es decir, periodista con poder más arriba de las redacciones) que no haya soñado con su particular “garganta profunda” y con cargarse de un manotazo a un gobierno, a ser posible completo. En el caso/gobierno que nos ocupa, el de Pedro Sánchez, igual que se sospecha que alguien lo construyó a su imagen y semejanza  -ya saben, Iván Redondo, alias “el magnífico”- también se cree que son más de uno los que se lo quieren cargar sin compasión. Así, mientras en las tertulias le sacan los colores a los ministros, los revisan de arriba abajo e incluso los zarandean con toda suerte de comentarios más o menos merecidos por ellos, en el Congreso, en vez de dedicarse a la propia política y a lo que sucede en las calles –catalanas o no, que Teruel también existe, por citar un lugar que de poco ruido-, solo tienen tiempo y espacio para contestar a los cargos que se les imputan desde los periódicos y los programas de radio y televisión. Lo que no han medido algunos de mis compañeros, ansiosos por torpedear a este Gobierno, como a cualquier otro, con tal de alcanzar la gloria de la hazaña, es que con esta actitud, al final, quienes van a quedar para la política van a ser los que no sirvan para otra cosa. Y me explico. Más allá de este Gobierno o el de cualquiera, que todos tienen mi respeto, que para eso estamos en Democracia, todas las personas que tienen una trayectoria personal, profesional y vital tienen alguna oscuridad en la trastienda. Aunque sea mínima e irrisoria. Sin embargo, si nos empeñamos en aumentarla con una lupa y sacarla a la luz como si en vez de un error, fuera un crimen es posible que no haya quien quiera dedicarse a servir a la patria. Hay que entender que los de los políticos no son grandes sueldos y que, aunque es cierto que gozan de muchos beneficios lo suponen más, sin ninguna duda, para quienes no podrían alcanzar grandes cimas en un trabajo regular, que para quienes han ejercido su profesión con éxito.  Si el que haya ganado dinero en su profesión hace que se le señale por “rico” o el que haya tratado de aprovechar los beneficios fiscales existentes para no pagar más impuestos de la cuenta, que se le tache de “insolidario”, o que si se equivoca y comete una infracción se le acuse de delincuente pues, probablemente opte por mandar a paseo la política y la vocación de servicio y volverse a su ocupación habitual. Así las cosas solo quedarán aquellos que o no trabajaron jamás en ninguna otra cosa y que no brillaron en nada. E incluso a ellos, mediocres y tristes, también podrán encontrarles alguna mancha negra en el expediente…

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