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Marta Robles: “Soy malota, me río de la vida y del mundo”

Entrevista publicada en El Mundo

LUIS ALEMANY

Escritora y periodista. Su nueva novela, La mala suerte (Espasa), es un thriller en torno a la desaparición de una chica al volver de juerga. Suena un poco a Diana Kerr, pero, en realidad, es mucho mejor que el morbo.

Una casualidad: en su libro habla de la reforma del Café Comercial de Madrid y Muñoz Molina, en su última novela, también. Sólo que a Muñoz Molina le gusta el cambio y a usted no.

A mí sí que me gusta. Al que no le gusta es a Roures, a mi personaje. Roures es un inmovilista que se enfada si le tocan el taburete en el que se sentó una vez aquella novia que… Ese tipo de hombres.

 

Es que usted, que da la sensación de controlar mucho la imagen que proyecta al mundo, escribe como una guasona que se ríe de las sofisiticaciones del mundo moderno.

Por supuesto. Yo soy así, soy malota, me río de la vida y del mundo. No tengo nada que ver con el rollo pijo.

 

Pues el rollo pijo se le da muy bien.

Bueno, sí. Ser rubia ayuda, ¿eh?

 

El otro escenario de la novela es Mallorca. El tópico dice que qué lugar tan precioso pero que siempre hay algo que nos excluye a los que no somos de la isla.

Yo voy desde hace muchos años a Costa de los Pinos en verano. Es un sitio muy familiar, muy tranquilo. Cuando salía mucho iba a Ibiza, cuando empecé a tranquilizarme me pasé a Formentera. Y en Mallorca me volví aburrida. Me gusta la luz de Mallorca, la sensación de recorrer la isla y de encontrar mundos distintos. Tienes Magaluf, que es un hervidero, no muy atractivo para mí, y tienes Costa de los Pinos, que es una maravilla de paisajes y de tranquilidad.

 

Pero es un sitio tan perfecto que da un poco de miedo, o eso parece.

Tan perfecto que da miedo, algo así. Bueno, así lo describo yo. Luego uno va y no ve esas cosas, ve la vida tan tranquila que se hace, los niños que salen a la playa, el mar… Pero precisamente, por eso, es muy tentador meter allí un elemento de tensión como la desaparición de una chica.

 

¿Por qué Roures es un ex periodista?

No sólo periodista, es ex corresponsal de guerra. Quería la mirada turbia de alquien que ha visto las peores cosas que un ser humano puede hacer, de alguien que ha conocido al malo que lleva dentro y que ha fallado a su amor. Tiene un montón de rotos que matizan su mirada y que me sirven muy bien para la historia que quería contar.

 

¿Sabe que los ex periodistas que hablan de ética profesional no son especialmente queridos ni populares entre sus colegas?

¡Ajá! Pero yo no soy ex periodista. ¡Ni quiero serlo!

 

Roures sí lo es. El clásico retirado.

Está bien hacer autocrítica. Y yo la hago desde el oficio, que conste. Soy consciente del foco que ponemos a veces sobre las personas. Es injusto, ninguno de nosotros sale guapo con un foco en la cara.

 

¿Puede resumir el papel de la prensa en los grandes casos de sucesos de estos años?

Hemos estado sujetos a la ley de la oferta y la demanda, hemos complacido el morbo que tiene toda la gente y hemos metido hasta el corvejón, a veces. Es tremendo. En las desapariciones hay juicios paralelos dramáticos. Piense en los padres de Madeleine McCann, que van a ser sospechosos toda la vida.

 

En estos casos y también en su novela, siempre hay un personaje hiper escrutado que es el de la madre fallida.

Yo no sé qué es una madre fallida. Ni qué no lo es. Quién hace lo que puede no está obligado a más. ¿Mi personaje es una madre fallida? No sé. Más fallido es el padre.

 

¿Cuénteme cuánto sabe usted de dar tiros y de asesinar gente?

A mí, esas descripciones tipo CSI no me interesan. Yo escribo: «Sacó la pistola y disparó». No he dado tiros pero algo sé del tema. He leído mucho, he prestado atención y algo se me ha quedado. Y fíjese que desde los cinco años inventaba cuentos de investigadores.

 

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