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Prácticas habituales

Publicado en La Gaceta de Salamanca

El asesinato del periodista  saudí Jamal Khashogui en el consulado de Arabia Saudí en Estambul (Turquía) reaviva el concepto de crueldad de ese período oscurantista de la historia que fue la Edad Media. Si hacemos caso a Al Jazira y a ese portal especializado en Oriente Medio llamado Middle East Eye  que, a su vez citaron fuentes de seguridad turcas, nos colocamos en un escenario de máximo horror: el descuartizamiento del escritor desaparecido el pasado 2 de octubre cuando aún estaba con vida. Por si este “detalle” no fuera lo suficientemente impactante, cabría añadir que esa barbarie tuvo lugar en el mismo despacho del cónsul por el médico forense saudí Salah al Tubaigy que viajó con el escuadrón de  15 saudíes que volaron a Turquía el mismo día de la desaparición de Khashoggi. Incluso hay medios árabes que señalan que existe un audio en el que se recogen los últimos minutos de vida del asesinado quien, después de ser insultado y torturado pudo haber sido descuartizado mientras el aún estaba vivo. Según la fuente del Middle East Eye,  el ejecutor de esta tarea, Salah al Tubaigy recomendó a sus compañeros que hicieran lo mismo que él cuando hacía ese “trabajo”: escuchar música. Además de toda esta información, que  paraliza al más valiente, lo cierto es que ahora existe un conflicto internacional,  por más que los saudíes negarán enérgicamente primero su participación en la desaparición de Khashoggi y ahora hayan concluido que su muerte fue “un tremendo error” y que no saben dónde están sus restos. En un intento desesperado de reconducir la difícil situación, el ministro de Asuntos Exteriores del reino, Al Jubeir ha afirmado en la televisión estadounidense Fox que están decidido a castigar a los responsables del asesinato  y ha asegurado que los implicados intentaron encubrir la muerte al Gobierno. Al Jubeir, experimentado diplomático,  sabía que era imprescindible reconocer el delito y  hacer acto de contrición para intentar que la relación Riad-Washington resistiera a la tormenta provocada por el escándalo,  al igual que era necesario que el rey Salmán de Arabia Saudí  y el príncipe heredero Mohamed bin Salman expresaran sus condolencias al hijo del periodista fallecido. Pero más allá de que las aguas puedan volver o no a su cauce, el mundo entero se ha quedado estupefacto al comprobar cuáles pueden ser ciertas prácticas habituales de las que en esta ocasión se ha enterado y en otras ocasiones –probablemente la mayoría- no tiene la menor consciencia.

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