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SINFICCIÓN

Publicado en La Gaceta de Salamanca

 

Llevo los últimos años dedicada a la novela negra como escritora, pero desde los 12 o 13 como lectora. Me gusta investigar. Como a casi todos. Y me gusta saber sobre el mal. Como a todos. Tememos tanto a la maldad, que siempre pretendemos justificarla o al menos intentamos concluir que somos capaces de anticiparnos a ella, cuando la realidad es que casi siempre nos pilla desprevenidos. La de los demás e incluso la nuestra, que quizás es la que más nos aterroriza. Siempre que me preguntan de dónde viene el interés por lo oscuro de los hombres cuento que yo creo que dentro de cada uno de nosotros existe un héroe o un villano, que solo asoma la cabeza en situaciones extremas. Y también que creo que es más fácil que en ellas impere el bueno sobre el malo. Cuando estamos al límite de nosotros mismos, en las guerras o en los sentimientos, suele salirnos lo peor. Eso que está oculto y apaciguado como si fuera una fiera adormilada y que, de pronto, despierta y resulta incontrolable. Tememos al mal que nos rodea, a saber que el mismo vecino encantador con el que tratamos a diario puede llevar dentro de sí un asesino y más aún al que sabemos que se encuentra en nuestro interior, del que desconocemos el calibre. Quizás no es tan malo, pero…, no sabemos su tamaño, como tampoco el del bueno que convive con él.  Por eso  nos mantenemos alerta, mientras miramos alrededor, observamos a los otros y pedimos que no nos pongan a prueba, por si acaso. Ayer salió a la calle, “29 balas y una nota de amor”. El primer libro de la colección “sinficción”, publicada por la editorial Al revés y que firma Alfonso Egea, sobre el caso de Rosa Peral, la guardia urbana de Barcelona.  Una colección que yo dirijo y prologo y que recogerá, de ahora en adelante, los casos más impactantes de la crónica negra española, contados como si fueran una novela, pero sin una coma de ficción. Hasta los diálogos saldrán de los sumarios. No me cabe ninguna duda del éxito de todos estos libros, no solo porque los vayan a firmar los periodistas de sucesos más prestigiosos de nuestros días (Alfonso Egea, Manuel Marlasca, Luis Rendueles, Mayka Navarro…), sino porque el hecho de saber que podemos conocer la verdad y toda la verdad de cada caso no es que nos despierte el morbo, sino que nos hace reflexionar sobre nosotros mismos, sobre hasta dónde puede llegar el ser humano y por qué y sobre si la maldad siempre puede ser explicada o simplemente hay que aceptarla como parte del propio hombre. ¿Hay alguna pregunta más antigua?

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