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Cabeza, corazón y sexo

Publicado en La Gaceta de Salamanca

Yann Moix ers un escritor francés al que no he tenido el gusto de leer. Sin embargo, desde hace unos días, su nombre y su rostro –no muy agraciado, por cierto- han corrido como la pólvora por  tantos medios de comunicación que es casi imposible pensar que hay  alguien que no le conozca. Su mérito no es haber escrito una novela inolvidable o haber ganado el Nobel, no. Su proeza es haber dicho que las mujeres de cincuenta son demasiado viejas para ser amadas. El tipo que se ha llenado la boca con esa frase que ha dado la vuelta a Internet, tiene exactamente esa edad. Y su comentario ha desatado los truenos.  En un momento como el que vivimos, donde las mujeres ya no nos callamos ni debajo del agua, faltaría más, no puedo dejar de pensar que el susodicho se esperaba las reacciones que han seguido a su comentario. Es más, tengo la sensación de que este hombre tan poco interesante no es, sin embargo, ningún imbécil,   y que  lo que ha hecho es fabricarse una campaña de publicidad a la medida. Provoca que algo queda, ya saben. Más allá de todo eso de que la ley de la gravedad es unisex y otras tantas obviedades que se han lanzado a defender colegas de todo el mundo a mí solo me parece que o bien este tipo, como digo, es un genio del marketing o es un pobre diablo que jamás ha tenido la suerte de amar. Porque verán, ¿acaso hay que explicar que el amor no tiene edad y las personas tienen los años de aquellas otras a las que aman como se decía no sé si en un proverbio chino o en una película de Bette Davis? Si en esta vida todo fuera la belleza y  la juventud,  media humanidad –y más en esta Europa envejecida- habría tirado la toalla en esto del amor y del sexo. Por suerte “lo esencial es invisible a los ojos” como decía el Petit Prince, y por  eso ocurre de manera misteriosa, que ni los más jóvenes  y bellos galanes les gustan a todas las mujeres, ni las ninfas adolescentes portadoras de la belleza más fú, son el plato exquisito  que todos los hombres querrían degustar. No, verán, el amor y los sentimientos son otra cosa un poquito más compleja. Esto es lo que habría que explicarle a este pobre hombre, si es verdad que no sabe qué se esconde más allá de la piel de las víctimas. Que sí, que está claro, que a los veinte todos estamos más nuevos, pero eso no significa que tengamos más o menos encanto y mucho menos que ese encanto nuestro le vaya a gustar a todo el mundo. “El amor tiene razones que la razón no entiende”, decía Pascal. Y el sexo más si cabe, añado yo. Y el mejor sexo del mundo no se tiene necesariamente con los más guapos o jóvenes y hay infinidad de ellos a los que resulta imposible amar. Pensar lo contrario es de una simpleza tan apabullante que sigo creyendo que este escritor francés que ha encendido el fuego no puede creerlo y que, en realidad,  sus declaraciones son producto de una crisis de creatividad que le ha llevado a inventar un escándalo  con la que lograr la atención perdida. Yo le recomendaría que procurase escribir algo bueno, en vez de decir alto tan estúpido y que recordase algo que las personas con sensibilidad no deberían olvidar: El amor no es solo algo carnal. El amor es un banco de tres patas: cabeza, corazón y sexo. Y si falla una se cae. Igual se pueden seguir teniendo relaciones cuando una de las tres falla, pero difícilmente se podrá hablar entonces de amor y es muy posible que el sexo empeore…

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