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“Con el tiempo llegaremos a ver la depresión”

Publicado en La Razón

VICENTE MARTÍNEZ DE VEGA, Jefe del Servicio Diagnóstico por la imagen del Hospital Universitario Quirón Salud.

 

Vicente Martínez Vega es un hombre de Ciencia. Un investigador que se hizo médico porque su padre se empeñó, pero con la misma vocación y casi más talante de ingeniero. Y un estudioso por gusto y responsabilidad, dada la importancia que tiene su especialidad en toda suerte de enfermedades. Cuando acabó la carrera ya sabía que lo suyo no era la sangre sino la técnica. Por eso se convirtió en “el ojo que todo lo ve” y se puso a interpretar escáners, ecografías, incipientes resonancias… Su padre hubiera preferido que fuera cardiólogo o neurocirujano, pero, con el paso del tiempo se fue dando cuenta de la importancia del trabajo de su hijo, capaz de ver a las personas por dentro, vivas, muertas y hasta momificadas…

 

¿Cuándo se dio cuenta su padre de su valía profesional y le consideró médico de verdad? Porque al principio solo decía que tenía un hijo médico en el 12 de octubre pero nada más ¿no?

Así es. Luego, cuando esto de la resonancia se hizo popular y yo fui varias veces a Asturias –mi tierra- a dar conferencias y aparecí en la prensa local, entonces ya empezó a decir, orgulloso, que era médico de resonancias…

 

Desde entonces hasta ahora todo ha cambiado mucho. La tecnología ya se reconoce como imprescindible.

La tecnología en la resonancia lleva a la evolución que lleva la computación. Primero ve imágenes, da información morfológica con una resolución que hoy nos parecería bajísima…, pero en aquella época estaba muy bien. Y luego va avanzando como las máquinas de fotografía, que cada vez suman más píxeles. Ahora estamos donde nunca pensamos que se podía llegar. En el tope. Más información morfológica parece imposible de conseguir. Pero además ha ido cambiando. Antes solo daba información morfológica, pero ahora esa información es cuantificable, se puede medir. Y cuando puedes medir algo es más fácil analizarlo y que los ordenadores te ayuden a clasificar y entender muchas cosas. Además nos hemos adentrado en otras técnicas como la medicina nuclear o la resonancia en información funcional. O sea que no solo conocemos las forma de las lesiones sino si su metabolismo está activo. Tenemos una información más funcional que nos permite entender mejor la enfermedad.

 

¿Hay mucha diferencia entre las máquinas que hay en unos hospitales u otros?

Pues hay máquinas de resonancia que cuestan cuatrocientos mil euros y otras tres millones… Algo diferente tienen que tener. Nosotros acabamos de montar aquí una de las últimas. Cuanta más de alta gama es la resonancia mejor resolución tiene.

 

También importa quién mire las imágenes ¿no?

Para ver las resonancias se requiere gente que esté permanentemente estudiando, porque la tecnología está cambiando continuamente. Pero, en general, el nivel de los médicos, de los radiólogos en España es bueno. Y el de las máquinas también. Puede que nuestro parque móvil de resonancias sea un poquito más viejo a lo mejor que el de Francia o Inglaterra, pero no mucho.

 

A través de las radiografías, ecografías, mamografías, resonancias… ¿lo ven todo?

¡Qué más quisiéramos!. Pero vemos muchas cosas. Lo que pasa es que hay ciertas enfermedades que todavía no tienen un sustrato. Y digo todavía porque en el futuro habrá algún biomarcador que nos permita ver eso. Por ejemplo, en un sistema nervioso central vemos muchas cosas: vemos tumores, pequeñas malformaciones, aneurismas…, pero no vemos la depresión.

 

¿Con el paso del tiempo la veremos?

Creo que sí. No sé sí con estas máquinas de resonancia, pero habrá fármacos o marcadores que intervengan en un proceso metabólico identificado en la depresión o en el Alzheimer. Precisamente en el Alzheimer esto ya está sucediendo. Ya tenemos un marcador sobre las placas beta-amiloide y con PET-TAC se ve ese depósito y podemos identificar a pacientes que tienen Alzheimer. Esto es muy importante porque si tú ves al paciente que porta una enfermedad y lo ves así puedes investigar y saber si esa enfermedad mejora o no después de diferentes tratamientos. Y eso abre la puerta a ensayos clínicos y a mucho trabajo de investigación.

 

Claro porque “ver” no solo sirve para diagnosticar, sino también para decidir el tratamiento de los pacientes,  ¿no?

Por un lado la imagen diagnostica y lo hace muchas veces antes que la clínica, porque cada vez vemos cosas más pequeñas; pero  además ayuda a planificar el tratamiento. Por ejemplo si tienes un tumor, con la imagen se ve los márgenes que deberías dejar, si hay afectación vascular, si no… Si haces un tratamiento de quimioterapia o radioterapia con la imagen ves cómo se va reduciendo el tumor. O sea que la imagen ha explotado para el tratamiento y control de la patología, pero también para guiar tratamientos. Ahora nosotros somos capaces de llegar a la enfermedad mediante la imagen bien por vía endovascular. Por ejemplo, si tienes un aneurisma cerebral te pueden meter un catéter por una arteria, llegar al aneurisma cerebral y taparlo sin abrir la cabeza. O si tienes un tumor en el hígado se pude entrar por una arteria y soltar la quimioterapia justo en el hígado. Cada vez hacemos más tratamientos guiados por la imagen.

 

Es increíble, tanto como pensar que sus máquinas fueron capaces de hacerles una autopsia virtual a las momias del Museo Arqueológico nacional ¿cómo se les ocurrió?

La idea fue de nuestra compañera Sivia Badillo y a Javier Carrascoso y a mí nos pareció muy interesante. Investigamos tres momias egipcias y una guanche (canaria), embalsamada de otra manera y muy bien conservada. Solo hay una en esas mismas condiciones en el British Museum de Londres.

 

Y entre esas cuatro momias se encontraron a un colega ¿no?

Así es. Cuando analizábamos para saber la edad, la altura, las lesiones óseas, el estado de los dientes y, con suerte, la causa de la muerte, encontramos que, la que llamaban “la momia dorada”, porque iba embalada con unos cartonajes muy ricos, era Nespamedu y que pertenecía a la escuela de medicina de Imhotep

 

Y rápidamente todos los medios de comunicación se hicieron eco del hallazgo…

Sí, sobre todo cuando descubrimos que entre las vendas llevaba una diadema y unas sandalias y además vimos unas plaquitas muy finas, de apenas 25 mm de largo y 1 de espesor, que no se habían descrito nunca en ningún otro estudio de escáner de momias del mundo. Al depurar la imagen comprobamos  que eran adornos y amuletos utilizados por ellos, pues estaban las plañideras, Orus, Osiris, el Ojo de los médicos…

 

¿Así constataron que era médico?

Eso es. Posiblemente el médico de un faraón de la época ptolemaica. El hallazgo fue tan interesante y novedoso que luego los médicos forenses, a través de los cráneos de la estructura ósea y algunas pequeñas partes blandas reconstruyeron la posible cara de Nespamedu y se presentó en el Museo Arqueológico Nacional.Nosotros publicamos un libro:  Viaje al interior de las momias (Amat)

 

PERSONAL E INTRANSFERIBLE

Vicente Martínez de vega nació en Avilés (Asturias) en 1960. Está casado, tiene dos hijas, se siente orgulloso “de mi familia” y se arrepiente “de pocas cosas”. Perdona, olvida “regular” A una isla desierta se llevaría “muchas cosas, pero…¿no me quedaría mucho, verdad?” La gusta comer “comida de todo el mundo y las cosas de mi tierra” y beber “nuestro vino”. De mayor le gustaría ser “astronauta, para escaparme de aquí” Y si volviera a nacer “Volvería a hacer lo que hago. Me gusta también el arte, pero no estoy tan dotado, así que…”

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