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Godella

Publicado en La Razón

La localidad valenciana de Godella, tendrá asociado su bello nombre, desde ahora,  a la sangre de unos niños inocentes. Así se escribe la historia. Hay lugares que quedan marcados, aunque poco o nada tengan que ver con los culpables de los sucesos que tiene lugar en ellos. No hay marca más indeleble que la que deja la muerte violenta de los niños. Y más cuando esa violencia es aún más abyecta que las demás, al provenir de los propios progenitores. Del padre contribuyera o no a la muerte física de sus hijos y de la madre que fue quien, presumiblemente, acabó con su vida a  palos. Los dos  se aislaron de la sociedad, se “indignaron” y juntos se volvieron antisistema. Se encerraron en una casa y vivieron como okupas, tal vez anhelando aquella otra época en el que el movimiento hippie hablaba de paz y amor. Los familiares y vecinos sabían que este modelo era inviable. Incluso alertaron a los Servicios Sociales. Pero no hubo capacidad de reacción. Me pregunto por qué unas veces corren tanto y otras no llegan. Qué mueve a que en ocasiones parezca que se retiran custodias y patrias potestades con extremada rapidez, mientras otras, como esta, nada se pone en marcha hasta que ya es demasiado tarde. La culpa no es suya, claro. Los malos son los que matan, no los que impiden que se cometan los crímenes. Ni siquiera los que, pudiendo haberlo impedido no lo hicieron… Entre esos últimos están los que pasan de largo, los que avisan y no insisten y los que ponen en marcha un expediente de urgencia y no lo ejecutan de inmediato.

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