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Manifestación, sí, huelga no

Publicado en La Razón

Ayer no hice huelga. Me manifesté, pero no quise dejar mi puesto de trabajo. Esto último es una pura falacia. Soy freelance, o sea autónoma y con los derechos justos. Esto significa que mi puesto de trabajo está frente a mi ordenador, allá donde me encuentre y que aunque mi trinchera esté ubicada en mi propia casa, donde tengo dedicado espacio y medios a mi actividad profesional, ni siquiera puedo declararlo como tal, porque resultaría sospechoso. Esto me pasa a mí, que soy mujer, y a todos los hombres que comparten mi situación laboral. Pero ellos los 8 de marzo no tienen que hacer huelga. Yo la hice en 2017, pese a la sombra de PODEMOS, que para mí resulta más que alargada, pero este año no me ha dado la gana. Las mujeres no nos podemos permitir una huelga cada año y menos uno, como este, en el que el propio Gobierno la impulsa (¿un Gobierno que impulsa que le hagan huelga a él mismo?), pero reservándose los “servicios mínimos” de un Consejo de Ministros y con unos recientes datos de paro donde se observa la desaceleración de una economía que incide, como siempre, en los puestos de trabajo femeninos. Ayer me manifesté porque creo que queda mucho trabajo por hacer. Yo llevo arremangada media vida y así voy a seguir, pero lo de la huelga…, miren, no. Y menos teniendo en cuenta que en algunos sitios la imponen los hombres, por estética –permítanme que no señale, no soy tan valiente- aunque a quienes les cueste dinero el gesto sea a las mujeres. Y muchas de ellas, oigan, no tienen los bolsillos como para recortes de un día al año…

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