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Susanna Griso

Publicado en La Gaceta de Salamanca

Salir en televisión está muy bien, pero tiene sus servidumbres y riesgos. Lo sé de primera mano, no por tertuliana, sino por otras vidas y programas anteriores. Por eso respeto tanto el trabajo de quienes exponen su cara, su existencia y sus equivocaciones -que no hay quien se libre de ellas- al ojo ajeno, todos los días y durante horas y horas. Es el caso de mi colega, compañera y amiga Susanna Griso. Conozco a Susanna desde su llegada a Antena 3 hace muchísimos años. Coincidíamos entonces por los pasillos y lo hacemos ahora, de cuando en cuando, en la mesa que ella pilota con admirable maestría. Susanna es una de esas mujeres incombustibles que no se permite ni el cansancio ni fallarle a nadie. Se exige tanto que hay quien cree que puede con todo. Pero no. Ella es humana, aunque a veces, por espectacular y profesional, parezca una extraterrestre. Es una bestia de la televisión. Siempre se lo digo. Cada día se lleva a su casa casi un libro entero de documentación, además de seguir radios, prensa y otras televisiones. Por disciplina, altura y rubiedad, se diría que es alemana. Pero sobre todo por lo primero. Se va a la cama a la hora exacta para no convertirse en calabaza. Y no precisamente para ser la más guapa de la fiesta matinal –que le importa lo justito- sino para ser capaz de afrontar su horario con la dignidad que requiere. Y es mucha, porque es una franja en la que pasa todo y hay que aguantar de todo. Incluso que tergiversen tus palabras, te revisen la vida, te inventen bulos o te pongan a caldo por hacer la misma pregunta que otro compañero en otro momento, solo porque consideran que, en ese,  que hay que ser , digamos,  más empática con el que sufre. Vamos que hay que hacer ojitos o ponerse llorosa para que te aprueben la pregunta al que sufre.  Susanna ha aguantado que la tachen de supremacista, que se la cuestione que no es independentista aunque  lo haya asegurado, porque su marido lo es  -¿pasaría lo mismo a la inversa, me pregunto?-, que la llamen fría porque mantiene el tipo, o tener que pedir perdón por una pregunta, supuestamente sin corazón, a un hombre que acababa de ayudar a suicidarse a su mujer. La misma que luego estuvo en todos los programas y debates, pero que a ella le costó un linchamiento tuitero.  A Susanna -me consta- no le duelen prendas en disculparse, comparta el motivo o no. Sabe que la tele es así. Pero no todos los días le gusta y alguno, imagino, le apetecería estallar. No lo hace. Ni con el mundo ni con sus compañeros de programa. Doy fe. A todos les/nos respeta y por eso todos la respetamos, admiramos y queremos. Por eso y porque, se lo aseguro: en la distancia corta, Susanna gana. Como lo leen. Si algo hay que recriminarle a la muy abusona, es que lo tiene todo.

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