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Genios

Publicado en La Razón

Ahora que se acaban de cumplir diez años de la muerte de Michael Jackson, una vez sabidas sus miserias humanas, se abre el debate de cómo habría que haber tratado al genio en caso de haberlas comprobado cuando estaba vivo. A mí no me cabe ninguna duda. Por muy genio que sea el genio, si delinque tiene que ir a la cárcel como cualquiera que no lo es. En algunos casos, por responsabilidad, incluso con mayor motivo. Creo firmemente que una cosa es escribir, pintar, o contar por cualquier vía creativa atrocidades, que cometerlas. Me parece que la ficción está para expandirse hasta el infinito y que en ella caben toda suerte de interpretaciones. Incluso que la moralidad no debe tener nada que decir al respecto. Al contrario, considero que conocer los crímenes posibles o imposibles que se pueden cometer en cualquier ámbito de la sociedad debe estar contemplado en cuadros, películas, series o libros. Otra cosa es cometerlas. Entiendo que cualquier actor pueda interpretar al ser más abyecto de la creación, meterse en la piel de un asesino en serio o convertirse en pederasta para un papel…, pero no que lo sea. Ni él, ni el más grande de los pintores, investigadores, escritores, músicos o lo que sea. Otra cosa es que los seres más geniales de la creación sean caprichosos, ciclotímicos, egoístas o sencillamente insoportables. Que sus defectos puedan ser del tamaño de sus talentos es muy molesto, pero no condenable. Lo que sí lo es que se salten las reglas a su antojo por creerse superiores a los demás. En ese caso la ley tiene que actuar del mismo modo que con el resto de los mortales. 

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