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La manada y los demás

Publicado en La Razón

Creo profundamente en el presunción de inocencia y en el derecho a una defensa completa incluso para el más abyecto de los criminales. Pero ver a un abogado volviendo a poner en tela de juicio la credibilidad de  una víctima para tratar de proteger a sus clientes, cuando estos ya han sido condenados, me aterroriza. Sobre todo si utiliza una serie de argumentos que pretenden sembrar la sombra de la duda, estigmatizar a la víctima y que, pase lo que pase, siempre haya alguien que repita “seguro que hubo consentimiento”, aunque ya esté probado que no lo hubo. Tanto, como para que el Supremo haya aumentado la pena de “La manada”, de nueve a quince años de cárcel, después de considerar que lo que ocurrió el día de autos no fue abuso, fue violación. Una agresión sexual en la que estuvo presente la intimidación, ese miedo que inmoviliza, bloquea y no permite ni siquiera decir, lo que tal vez esa o tantas otras chicas intentaron y no pudieron: “no”.  Por contar esto mismo que estoy escribiendo ahora, en Espejo Público, justo antes de que saliera el fallo, un par de tipos me han llamado nazi y no sé cuántas cosas más en Twitter. Y me ha vuelto a dar miedo. No es que me hayan dicho que no están de acuerdo con mi punto de vista. Es que me han llamado miserable y nazi… ¿Le dirán lo mismo a los jueces del supremo que, además,  han aplicado a la sentencia definitiva dos agravantes al delito de violación, como es el trato vejatorio y el alardear y jactarse de su obrar? ¿Actuarán en la vida de la misma manera?

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