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La fórmula de Blackstone

Publicado en La Razón

Vivimos en la era de la infamia, donde cualquiera puede mandar a la hoguera a quien sea, independientemente de sus méritos o servicios a la sociedad, por un crimen que puede haber cometido o no. No sé si el genial Plácido Domingo tendrá que lamentar alguno de sus comportamientos del pasado, pero hasta que no se le comprueben los presuntos delitos de los que se le acusa, nadie debería sancionarle por ellos. Y eso es lo que han comenzado a hacer en EEUU, al anular dos de sus actuaciones, tras una denuncia (en medios, no en el juzgado), donde muchos no advertimos acoso, y otras ocho anónimas e imposibles, por tanto, de contrastar. Aterra pensar que cualquier carrera y vida se pueden ir al traste tras un apedreamiento mediático consensuado entre un medio tradicional y las redes sociales.  Por eso es preciso que combatamos los linchamientos con contundencia.  Y la única manera de hacerlo es rigiéndonos por el principio de presunción de inocencia y apoyándonos en lo que en Derecho Penal se conoce como la fórmula de Blackstone: “Es mejor que diez personas culpables escapen a que un inocente sufra”. Esa actitud de algunas mujeres, de querer imponer penas populares a cualquier hombre sospechoso, aunque no exista ninguna certeza, no solo no nos ayuda a las demás mujeres, sino que invita a que sean muchas las personas de uno y otro sexo que se rebelen contra el discurso feminista, creyendo que todas las que lo somos, defendemos algo así. Y no. De ninguna manera. Yo soy feminista desde que tengo uso de razón y como tantas feministas, me niego a que a nadie castigue a otro ser humano sin antes comprobar sus supuestos pecados.

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