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Marta Robles: «La prostitución debería estar prohibida y tenía que ser delito su consumo»

Publicado en Mujer Hoy

«Solo un matiz, yo nunca hablo de prohibición, sino de abolición. Insisto, pero, a veces, con buena intención, los compañeros quieren reforzar la expresión pero…, no es lo mismo. Yo soy abolicionista.»

La periodista madrileña vuelve con ‘La chica que no supiste amar’, una novela en la que se acerca al complejo mundo de la prostitución.

Corazón. Con ‘La chica a la que no supiste amar’ recupera a su detective Roures en lo que ya sería una trilogía, tras el éxito de sus dos novelas anteriores, ‘A menos de cinco centímetros’ y ‘La mala suerte’. ¿Definitivamente lo suyo es la novela negra?

Marta Robles. No es un cierre de ciclo sino una nueva aventura de mi detective Tony Roures. Es verdad que ahora quiero que descanse un poco tras tres libros seguidos. Me gustaría que el próximo sea de otro contenido, pero tampoco descarto hacer una precuela en un futuro no muy lejano. De momento lo único que tengo claro es que tengo una promoción muy intensa y que aprovecho los trenes y desplazamientos para mi siguiente proyecto literario, con una historia que tengo en la cabeza hace tiempo.

C. Esta vez ha tratado un mundo muy duro, centrándose en la trata de mujeres y la prostitución.

M.R. Mi idea es hacer reflexionar a la sociedad de lo que ocurre a nuestro lado y no prestamos atención. Sabemos lo que hay detrás de la trata de mujeres y también de los ‘puteros’, algo asociado a una sociedad occidental y desarrollada que parece que hemos asumido. Es hora de reflexionar sobre el consumo de la prostitución, que está asociado a la esclavitud y mi interés era que esa reflexión viniera desde el punto de vista masculino.

C. ¿Y cómo se cambia todo eso? ¿Con leyes, con educación…?

M.R. La prostitución debería estar prohibida y tenía que ser delito el consumo de sexo de pago. Soy abolicionista en ese sentido, porque además hasta hace muy poco las que se llevaban la peor parte eran las mujeres a las que se multaba por ejercer la prostitución, pero nunca al consumidor. Siempre ha sido así. Antes era costumbre que los chicos se estrenarán en el mundo sexual en los prostíbulos y ahora lo que pasa es que siguen yendo jóvenes, que encima vienen con una cultura porno en Internet tremenda y reclaman determinadas prácticas sexuales que son terribles. He seguido todo gracias al trabajo de mi amiga Mabel Lozano, que ha investigado mucho en el mundo de la trata de mujeres. Hace años tuve contacto con víctimas de trata que me presentó Mabel y me quedé con ganas de hacer algo. He estado a su lado con el desarrollo de su libro El proxeneta y aprendí bastante. Además tuve acceso a documentos policiales muy interesantes y por los que he podido indagar y construir un relato en lo que considero es el más bajo escalafón dentro de la trata y la prostitución, que es el horror que viven las mujeres nigerianas por razones como la pobreza, el racismo, el machismo…

C. Usted describe con detalle cómo son los desplazamientos de esas nigerianas hasta que llegan a España y el suplicio que tienen que vivir donde hay una falta absoluta de derechos humanos. ¿Por qué no se habla a diario de estos abusos en lugar de temas como Cataluña y sus anhelos independentistas, por poner un caso?

M.R. Solo hay que meterse en Internet para conocer los testimonios de estas mujeres que son tratadas como trozos de carne. Es horrible y lo peor es que la sociedad está aislada. Preferimos vivir en una burbuja y no mirar lo que pasa a nuestro lado. En mi libro se suceden tres historias mundanas que solo nos afectan si nos tocan de cerca. Tenemos la mala costumbre de asumir demasiadas cosas que no están bien y de ahí que las sociedades cada vez sean más egoístas. Mi conclusión es que cuando dejas de sufrir por lo que le pasa al otro te conviertes en un monstruo.

C. ¿Cuánto se ha dejado de su piel y de su tiempo en este libro?

M.R. Me meto tanto en mi historia cuando escribo un libro que no pienso en nada más. Evidentemente hay una técnica literaria para que el lector no se pierda, pero te aseguro que he dejado mucho de mí en las críticas que hago al consumo del juego, de las drogas…

C. ¿En la vida se llega a todo a base de organización o de sacrificio?

M.R. Desde que era niña escribo y leo a diario. Es fundamental. Puedo dejar de hacer cualquier cosa menos eso. Escribiría aunque no me publicaran, porque en mi caso es necesidad.

C. ¿Dónde la encontraría en su novela?

M.R. Muchos me ven en diferentes momentos y me hace mucha gracia. Creo que donde más estoy es precisamente en mi protagonista masculino. Sus pensamientos son míos y reconozco que no creo en los valores masculinos o femeninos, pero si los aceptamos como tales, me siento más cómoda en el lado de ellos.

C. ¿Por qué decidió no crear una protagonista mujer?

M.R. Para mí era un reto hablar y expresarme como un hombre y reflejar cómo son esas conversaciones. Me ha divertido hacerlo, al igual que he disfrutado con los personajes secundarios que aparecen y que tienen mucho que ver con lo que vemos a diario. Hay de todo un poco, realidad, invención… La trama es de novela negra, pero luego hay muchas subtramas.

C. En esta novela compruebo que se ha recreado más con las escenas de sexo. ¿Se va sintiendo más cómoda?

M.R. Sinceramente, creo que se me da bien escribir de sexo. Me gusta oír que muchos de mis lectores se ven perfectamente reflejados en esas escenas y para mí era todo un reto. No es nada fácil recrearse en esos pormenores. Lo bueno que tengo es que cuando escribo no pienso qué van a opinar ni tan siquiera mis hijos. Por suerte puedo presumir que a los míos, en concreto, le gustan mis historias pero, independientemente de ese resultado, ten por seguro que me siento totalmente libre a la hora de describir a mis personajes o sus momentos más íntimos.

C. ¿En qué piensa Marta Robles cuando deja de pensar en sus libros?

M.R. Escriba o no, mi pensamiento constante es mi familia. En ese sentido soy tremendamente familiar y me siento muy feliz con la que hemos creado. Esta Navidad en casa nos hemos juntado 39 y el día de Reyes alguno más. Desde luego tengo la gran familia. Pienso en ellos, en mis amigos a los que cuido todo lo que puedo, porque son fundamentales y pienso en lo que pasa en el mundo, porque además de escritora soy periodista y eso hace que siempre tenga la vista puesta en lo que acontece.

C. ¿Cómo ve su presente?

M.R. He aprendido a ser agradecida con lo que tengo. He cumplido mi sueño de niña que era ser escritora. Poder hacer lo que me gusta es motivo de enorme satisfacción. En casa a veces protestan porque requieren más tiempo de mí, pero te aseguro que no sería mejor madre ni mejor esposa si estuviera 24 horas pendiente de ellos. En cuanto al futuro, soy bastante pesimista y por eso me gusta rodearme de gente luminosa y optimista. Reconozco que me cuesta un trabajo enorme dar la vuelta a la visión de la vida. En los últimos tiempos he cambiado bastante y es que los años ayudan y, entre todos, creo que me han hecho ser más positiva.

C. En este momento de su vida, ¿qué le quita el sueño?

M.R. Mis hijos. Estamos en un mundo muy complicado y agresivo que cada vez se hace más excluyente y eso no trae nada bueno. Necesito que vean el mundo tal y como es. Piensa que mi hijo mayor es actor, el segundo también va para artista, porque le gusta el diseño gráfico, y creo que solo el tercero quiere ser ingeniero como su padre.

C. ¿Y qué le da alegría?

M.R. Lo mismo: mis hijos.

C. ¿Y su marido?

M.R. Por supuesto, también. Él es quien me permite que cada vez sea mejor. Si avanzo es gracias a él porque además de marido es mi cómplice, mi amigo, el padre de mis hijos y, te aseguro, un padrazo extraordinario. Es una persona que me complementa perfectamente, además de ser un hombre culto, elegante, divertido y con quien puedes compartir cualquier cosa en la vida. Ya llevamos casi 21 años y está claro que es el hombre de mi vida.

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