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“No puedes ser escritor si no tienes empatía hacia lo de los demás”

Publicado en La Razón

DOLORES REDONDO, escritora Entrevista Razón, domingo 12 de enero

Si Dolores Redondo no existiera habría que inventarla. Y no solo porque sea una de nuestras más exitosas escritoras de novela negra –en poco más de seis años ha vendido millones de libros, ha sido traducida a 36 idiomas y ha triunfado en el ámbito cinematográfico-, sino porque es una mujer sencilla y encantadora, a la que tan espectacular reconocimiento no ha cambiado en absoluto. La autora de la inquietante trilogía del Baztán,  de la premiadísima “Todo esto te daré “(Premio Planeta y Premio Bancarella) y de la también aclamadísima  precuela de  la trilogía, “La cara norte del corazón”, sigue siendo la misma mujer tranquila, observadora y empática de antes del bombazo editorial. Tal vez esa normalidad tan poco frecuente, combinada con el innegable talento, sea el secreto de su éxito. Eso y no eludir la cara norte de la vida…

 

¿Todos sus personajes y sus historias son de cara norte?

Todas las novelas que he escrito son de cara norte y la que estoy escribiendo ahora y las que escriba lo serán. En todas ellas los personajes se ven sometidos a una presión extrema y tiene dos opciones: ir por el caminito del medio o por la cara norte. Y todas deciden ir por la cara norte. Esto es un viacrucis para ellos, pero también un modo de reforzarse, aprender y exorcizar sus demonios. Y creo, por experiencia personal que si te dejas fantasmas del pasado sin exorcismo vuelven una y otra vez, cada vez más fuertes y haciendo más daño. Así que mejor hacer un exorcismo bueno, clavarles una estaca en el corazón y matarlos bien matados. Y eso solo hay una manera de hacerlo que es mirándolos a la cara.

 

¿Siempre tuvo claro que haría una precuela de la trilogía del Baztán”?

Hubiera sido imposible escribir una novela como “La cara norte del corazón” si no la hubiera tenido calculada desde antes, porque solo me limito a recoger sedal lanzado en las anteriores novelas. En todas fui dejando pistas, caminos abiertos que me he limitado a ir completando. Era un deseo desde 2005 escribir sobre Nueva Orleans. Incluso antes de que Amaia Salazar (protagonista de la trilogía del Baztán) apareciera en mi vida estaba Nueva Orleans como deuda con lo que había pasado allí con el Katrina y los días posteriores…Porque una cosa fue el huracán y los daños y las pérdidas tremendas incluidas las peores, las de vidas; pero lo que ocurrió en Nueva Orleans además fue político, social, racista y clasista porque los que se quedaron allí, abandonados, eran muy pobres, ancianos y en su mayoría negros.

 

Teníamos ganas de conocer a Amaia Salazar desde el principio…

Pues aquí ella tiene 25 años. Es una joven que ni siquiera sabe que es brillante y que se pega la mitad de su vida, como la mayoría de las mujeres, ignorando lo maravillosa que es. Y Amaia sí que es extraordinaria, pero tiene 25 años punkis, como fueron los míos y se parece bastante a mí cuando tenía su edad. Es muy fuerte, muy segura, muy capaz…, pero le faltan habilidades burocráticas. No sabe moverse en los despachos ni buscarse alianzas y es capaz de matarse por su razón. Y eso a veces es un estorbo. Para mí lo fue en su momento y lo es para Amaia hasta que encuentra a Dupree que la reconoce inmediatamente como esa aguja en el pajar, afilada, dulce, brillante, muy inaccesible y muy difícil de encontrar. Seguramente la reconoce porque él también es otra aguja como ella. Ambos tienen pasados difíciles aunque muy distintos que les han hecho explorar la cara norte y a ser capaces de convertir en arma sus miedos, y poder perseguir y capturar a un demonio.

 

Dicen que no hay peor demonio que el que se esconde en el interior de la gente normal…

El asesino de esta historia está basado en un tipo real. Lo descubrí hace años y lo tenía ahí aparcado, aunque de vez en cuando veía algún documental de sus fechorías. Y lo tenía aparcado porque me para parecía muy sórdido precisamente por ser un tipo normal. Un tipo normal terrorífico que había estado 18 años escondido a plena vista sin que la justicia pudiera capturarle porque de tan gris y tan normal que era pasaba desapercibido.

 

Hay otros demonios en La cara norte del Corazón: la propia gente viviendo en un entorno infernal que usted describe hasta la extenuación.

Era importante para mí que el lector fuese consciente de la miseria que se vivió en Nueva Orleans. Del horror que sentía la gente por verse abandonada, por eso las descripciones son especialmente inquisitivas en cuanto a olores, presencia. Los diques del río Mississipi rotos, los cadáveres en el agua infestada de por caimanes, ratas y culebras, la gente caminando entre aguas fecales que inundaban la ciudad y que en el sitio donde menos cubrían llegaban a la rodilla y que en la mayoría llegaban a la altura de un segundo piso…

 

En sus historias pesa mucho el pasado. ¿Le han preguntado alguna vez si tuvo una infancia infeliz?

Hasta el punto de que una vez estaba con mi madre en una sala de espera y le dije: “mamá, por favor, ponte de pie”. Y luego “esta es mi madre y nunca ha intentado matarme. Como mucho tirarme una chancla que nunca me daba cuando peleaba conmigo y mis cuatro hermanos mientras mi padre estaba en la mar”. Es verdad que ha habido momentos muy dolorosos en mi vida, pero también en las vidas de las personas que quiero. Creo que es propio de un autor ser capaz de ponerse en la piel de otro. No puedes ser escritor si no eres capaz de tener esa empatía hacia lo de los demás.

 

Y después de tantísimo éxito literario y cinematográfico -lleva dos películas de la trilogía con un éxito descomunal y en abril llegará la tercera para la que se augura lo mismo-, ¿no le preguntan si es millonaria?

Hace poco me lo preguntaron en un chat y yo contesté “no, no, si yo no soy millonaria. Será millonaria Rosalía que canta  la de “Millonaria”… No, no, yo es que era muy pobre antes. Entonces, hasta ser millonaria, me falta mucho, porque no estaba ni en cero, o sea que tengo que completar.

 

 

PERSONAL E INTRANSFERIBLE.

Dolores Redondo nació en San Sebastián en el año 1969. Está “casadísima”. Tiene dos hijos. Se siente orgullosa “de amar bien y de que me amen muy bien. No se arrepiente “de nada, no vale la pena”. Perdona, pero no olvida, le hace reír “casi todo, soy de risa fácil. Los listos en situaciones ridículas me hacen mucha gracia. Pero nunca me río de los tontos” Le hacen llorar “muchas cosas A una isla desierta se llevaría “personas para no estar sola” No tiene manía ni vicios le gusta comer “pan, vino, peces, cordero. Muy cristiano todo.”  Suele soñar “que intento llamar por teléfono a alguien y las teclas se me saltan. Me sucede cuando no me estoy entendiendo con alguien, cuando no encuentro la manera de acceder a su cara norte”.De mayor le gustaría ser “escritora. Y si volviera a nacer sería “escritora siempre”.

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