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Pin parental

Publicado en La Gaceta de Salamanca

Tengo la sensación de que el tan traído y llevado pin parental de VOX está volviendo a radicalizar los puntos de vista de las dos Españas que tantos queremos erradicar.  Y también me parece que, con esta tontería de discutir a quién pertenecen los hijos (los hijos no pertenecen a nadie, ni a sus padres ni mucho menos al Estado. Son ciudadanos con los mismos derechos que los otros, aunque se encuentren bajo la tutoría legal de sus mayores hasta la mayoría de edad), nos estamos quedando, como siempre, en la espuma de las cosas. Lo fundamental sería que, realmente, hubiera una reforma de la educación que se aprobara en el Parlamento, y que nos garantizara que los planes de estudio no cambien dependiendo de los intereses de lo partidos de Gobierno. No se trata de adoctrinar en las escuelas, sino de formar. Y en esa formación, desde luego, es preciso que quepa el concepto de igualdad. Creo que todas las personas con sentido común, independientemente de sus ideologías, consideran que  los restos del machismo que siguen matando, maltratando y poniendo trabas a las mujeres en nuestro país, solo desaparecerán a través de la educación que los chicos reciban en las casas y en los colegios. Y entiendo que, teniendo en cuenta que la igualdad es uno de los valores que propugna  la Constitución en su artículo primero, nadie puede negarse a que los niños y las niñas sean educados de la misma manera y aprendan desde pequeños que, tanto unos como otras, tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones . Otra cosa es que, a través del concepto de igualdad, se decidan incluir cuestiones más allá de ella, como las que ha señalado reiteradamente la flamante directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno, al hablar  de la sexualidad. Ese tipo de declaraciones, que me niego a repetir (las pueden encontrar en internet) dan argumentos a los reaccionarios para que se rebelen contra algo que es imprescindible en las escuelas: la concienciación sobre la igualdad. Pero es que, verán, Gimeno no me representa a mí ni a casi ninguna mujer (creo que solo se representa a ella) y lo que ella diga no creo -desde luego espero- que vaya a determinar lo que tienen que aprender los chicos y las chicas sobre la igualdad.  Este problema se acaba en un segundo si desde el Ministerio de Educación se establece un programa consensuado con todos los partidos, que pueda tener durabilidad, que incluya todo lo que debe incluir y que deje fuera lo que debe dejar fuera. Para eso no se requieren padres opinando, sino padres satisfechos por el programa de estudios de sus hijos con unos contenidos elaborados por expertos que, además de conocimientos, tengan la suficiente  sensatez  como para unir y no separar.

 

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