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«Evitar las crisis alimentarias es responsabilidad de todos los actores de la cadena alimentaria, desde los productores hasta los consumidores»

Publicada en el suplemento de salud de La Razón

 

Carmen Mateo Alcántara, presidenta de Cariotipo Lobby & Comunicación.

 

¿Qué importancia tiene para la calidad de vida y la salud de las personas que su alimentación sea segura y saludable?

La alimentación es un instrumento clave que influye en la salud de las personas durante todas las etapas de la vida. Una correcta nutrición puede ayudar no solo a prevenir enfermedades, sino que también es fundamental para la rehabilitación de los pacientes.

Como se apunta en el informe, 41 millones de niños de todo el mundo sufren sobrepeso, motivado por el sedentarismo y una mala alimentación. Por otro lado, existe un alto índice de desnutrición en la población española de edad avanzada,  fruto de la soledad en la que se encuentran muchos de nuestros mayores.

 

¿Qué tiene que incluir y excluir una alimentación para ser segura y saludable?

Este es uno de los temas fundamentales que se abordan en el informe. Según comentan José Mª Martín Moreno y David Cantarero, dos de los autores del documento, para valorar si una dieta es adecuada debemos tener en cuenta cuatro parámetros: la inocuidad, la cantidad, la variedad y la selección de los alimentos según las  características de la persona.

 

¿Estamos suficientemente protegidos? Los alimentos se estropean y las cifras no mienten: los alimentos nocivos matan cada año a 420.000 personas y causan enfermedades a 600 millones en el mundo, buena parte niños menores de cinco años ¿tenemos que asustarnos?

La inocuidad de los alimentos debe de ser una prioridad de Salud Pública. Como explica la Dra. Mª Dolores Rubio en el informe, las crisis alimentarias pueden generar una gran alarma social y tener un impacto negativo en los operadores económicos. Existen crisis alimentarias desde la antigüedad, pero las últimas que se produjeron a finales del siglo pasado han provocado grandes avances en materia de seguridad alimentaria. Gracias a ellas, se han creado agencias especializadas, planes de acción, controles, auditorías… que ayudan a garantizar los máximos niveles de protección para la salud de los consumidores y minimizar los riesgos de salud.

Evitar las crisis alimentarias es responsabilidad de todos los actores de la cadena alimentaria, desde los productores hasta los consumidores.

 

Además de tratar y manipular los alimentos como corresponde para que no tengan agentes contaminantes, ¿lo más importe es elegir una dieta variada y en una cantidad justa dependiendo de la actividad física de cada persona?

Efectivamente, es importante un consumo adecuado de calorías —mayor en las primeras fases de la vida, donde la actividad física es mayor, que en las últimas—, así como una dieta rica en sabor y nutrientes (vitaminas, minerales, fibra…).

 

¿Las deficiencias nutricionales disminuyen nuestras defensas y nos vuelven vulnerables a las enfermedades?

Sin duda. Este tema es especialmente importante en las primeras y últimas fases de nuestra vida, en las que somos especialmente vulnerables a la enfermedad. Afortunadamente, en España podemos presumir de tener una de las mejores dietas del mundo, la Mediterránea, que es beneficiosa para prevenir las enfermedades cardiovasculares y patologías asociadas al envejecimiento, como las cognitivas o neurológicas.

 

¿Es preciso incidir en que se trata de comer bien y no comer mucho? Porque uno de nuestros grandes problemas es la obesidad que aumenta el riesgo cardiovascular, resistencia a la insulina y síndrome metabólico ¿no?

Según datos de la Fundación Española del Corazón, el número de personas con obesidad se ha triplicado en los últimos cuarenta años, siendo cada vez más alarmante esta patología en la infancia. Por ello es fundamental, la educación sobre factores de riesgo modificables, como la obesidad —derivada de una inadecuada alimentación y del sedentarismo— el alcohol, el tabaco o la calidad del aire.

 

Una buena alimentación, ¿de qué manera ayuda a la sostenibilidad del planeta?

Cuando hablamos del impacto de la alimentación en el medioambiente, se debe hacer un análisis del “ciclo de vida” de un producto: el uso de insecticidas en el cultivo de alimentos puede resultar tóxico y peligroso en algunos casos; el transporte de alimentos, que está siendo muy revisado, con el objetivo de encontrar alternativas que reduzcan el impacto medioambiental; la utilización excesiva de envases para la conservación de los alimentos; y el desperdicio de los alimentos, que genera una gran cantidad de residuos.

En este sentido, las empresas, ya sea por obligaciones derivadas de su normativa nacional o por exigencias del mercado, están evolucionando hacia modelos mucho más sostenibles, empleando variables como la reducción de la huella de carbono, el análisis del ciclo de vida del producto y, especialmente, por una orientación hacia un modelo de economía más circular, tal y como Miguel Aguado analiza en el informe.

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