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“Nada marca más a una mujer que el tipo del que se enamora”

Entrevista publicada en La Vanguardia

No supiste amar

Marta Robles lleva publicados una quincena de libros, en un arco multifacético entre la novela y el periodismo, y aún ha tenido tiempo de presentar y dirigir informativos de televisión y colaborar en radio y prensa. Pero sin dejar de escribir ni un solo día. Le ha movido, quizá, el empeño de demostrarle a su padre que los sueños pueden vivirse. Le ayudó el amigo común y escritor Fernando Marías, que le dijo un día: “Haz lo que temes”. Y así Robles ha encontrado lo que quiere: llegar a muchos lectores contando historias, ahora la novela La chica a la que no supiste amar (Espasa), titulada con “un verso de Carlos Zanón: le pedí que me lo regalase”. Ha merecido el galardón de narrativa Castellón Letras del Mediterráneo 2019.

No cree en siglas?

Es que he entrevistado ya a tantos, tantos políticos…

Que les ha visto el teatro.

Me volví escéptica: me he cansado de votar con la nariz tapada, sin ilusión.

¿Qué volvería a convencerle?

La defensa democrática del compromiso social sin espejuelos populistas.

¿De qué mundo viene usted?

De un padre abogado y economista que desaprobaba todas mis fantasías.

¿Qué fantasías?

Desde niña quise ser escritora.

¿Y el señor Robles qué quería?

Lo suyo, un camino sólido. “¡Tú eres práctico, papá, yo soy romántica!”, le replicaba yo.

¿Y él se ablandaba?

No. Y fue una pugna que amargó mi infancia. Nunca me dijo “te quiero”. Y me puse a trabajar para pagar mis estudios. Y él auguraba: “Volverás un día para que te de dé comer”.

Un pulso triste.

La desprotección paterna me hizo insegura. Quién primero me vio de verdad, leyó mi alma y me animó fue mi primer novio, que además me alentó a estudiar periodismo.

Como periodista ha hecho ya de todo.

A los cinco minutos de estudiar periodismo ya supe que era periodista. Lo eres o no lo eres, eso es una naturaleza.

¿Y en qué consiste esa naturaleza?

Te domina el impulso de explicar la realidad, y lo haces con la íntima convicción de que contarla ayudará a mejorarla.

¿Para qué desviarse a escribir novela?

Necesito crear mundos paralelos y también desde ese lugar buscar alguna justicia.

¿Y es eso posible?

El goteo de informaciones sobre injusticias, desde el periodismo, nos insensibiliza. Pero dibujar potentes personajes de ficción puede conmover a muchos lectores. Y lograr un segundo de emoción es valiosísimo.

¿Con que novela empezó?

Las once caras de María Lisboa , que era un mosaico de historias de mujeres.

¿Qué quiso transmitir ahí?

Quise cristalizar en una sola mujer la infinita variedad de todas las mujeres.

¿Algo unifica a todas las mujeres?

Sí, sostengo que nada marca más a una mujer que la persona de la que se enamora.

¿Sí? ¿Seguro?

Si una mujer se entrega intensamente al amor, es más adicta al amor que el hombre. Y por eso a una mujer le marca decisivamente su ser amado y cómo esa persona le ame.

¿Qué injusticia ha querido confrontar en su última novela?

La trata de chicas nigerianas en tramas de prostitución en España: llegan engañadas, endeudadas y amarradas por rituales vudú.

¿Lo ha investigado?

Sí, con ayuda de mi amiga y colega Mabel Lozano y de la Apramp (Asociación para la prevención, reinserción y atención a la mujer prostituida).

Señáleme una escena significativa.

Una de esas chicas es fríamente asesinada porque un cáncer de mamá la ha convertido en inservible.

Recurre usted a la crudeza.

Porque quiero visibilizar la abominable dominación sobre las mujeres, que tiene una amplia red de complicidades: médicos, bancos, policías… ¡Legislemos cuánto antes!

¿Regulando la prostitución?

Eso lo piden los proxenetas, y no solventa la dominación. ¡Hay que abolir la prostitución!

¿Y cómo se hace eso?

Como en Suecia, incriminando penalmente a los clientes, los puteros, empurando a todo aquel que compre carne de mujer. Se trata, en todo caso, de ponérselo muy difícil.

¿Quiénes son sus referentes en el género de la novela negra?

Yo encuentro el gérmen de este género en un texto de Camus: Calígula . Y para entender emociones leo poesía: La voz a ti debida, de Salinas, y T.S. Eliot, y Benedetti…

De los leídos, ¿con qué libro se queda?

Cien años de soledad me conmovió hasta el llanto.

¿Hay una literatura femenina y otra masculina?

No: la literatura es buena o es mala. Pero sí existen libros masculinos y libros femeninos. Y mi novela, para resaltar con más eficacia la trama, ha elegido ser masculina.

Mirar como hombre, ¿le ha costado?

El novelista puede ser perro, o niño, o vieja, o gato: ¡el novelista contiene multitudes! Y el novelista sabe, también, que en cada persona hay un escaparate y hay una trastienda.

Su héroe se llama Toni Roures: Antonio Robles. ¿Alude a su padre?

Catalanizo el nombre de mi padre, es verdad. Es que Catalunya es mi segunda casa, con grandísimos amigos, complicidades…

Un padre periodístico fue Pedro J.

Mi primer libro fue una biografía de Pedro J. Ramírez, El mundo en mis manos . Y un día firmábamos juntos en la Feria del Libro, y una señora, después de que él le dedicase el libro, me mira y dice: “¿Me lo envuelves, bonita?”. Claro que sí, señora, claro que sí.

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