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MARTA ROBLES: ‘En esta novela hay muchos que no saben amar y muchos que no saben si han sido amados’

Reseña publicada en Lecturápolis

La periodista Marta Robles lleva más de una decena de libros publicados, entre ficción y no ficción. En 2017, vio la luz A menos de cinco centímetros, una novela negra con la que nació Tony Roures, un detective que, hasta la fecha, ha protagonizado tres historias. La chica a la que no supiste amar es su última aventura, pero también es la primera obra que leo de la autora. Cuando un lector se enfrenta a una novela intermedia, que forma parte de una serie, siempre teme sentirse algo perdido. El personaje suele estar bastante construido y arrastra ya un pasado. No es poco frecuente las referencias a investigaciones anteriores que, si no están bien narradas, pueden llevar al lector a una gran confusión. No es el caso de La chica a la que no supiste amar. Sin ningún género de duda, puedo decir que esta novela es la que menos obstáculos me ha provocado a la hora de comenzar a leer una serie justo por su último título. ¿He dicho «la que menos»? En realidad, no me ha supuesto absolutamente ningún problema y la he leído como si fuera una primera novela o una novela auto-conclusiva. Pero de todo esto os hablaré cuando publique la reseña. Hoy os dejo con la entrevista a Marta, un encuentro que tuvo lugar cuando Madrid ya era un hervidero de malas noticias, por lo que nos limitamos a saludarnos desde lejos, y a mantener la distancia social recomendada.

 Marisa G.- Marta, a pesar de que esta es la tercera entrega de una serie, no hay necesidad de leer las anteriores para disfrutar de la lectura.

Marta R.- Es que no es trilogía. Es una serie de novelas que narran casos independientes, aunque sí están protagonizados por el mismo detective. Así que, puedes leerlas en el orden que quieras porque, si hay referencias a los casos anteriores, eso no te impide entender esta trama.

Esta es una novela que, en sí misma, tiene tanta profundidad que se puede leer de muchas maneras. Por un lado, te ofrece una lectura entretenida y simple. Pero por otro, y dado la temática que aborda, te hace reflexionar mucho.


M.G.- Por esta novela te han concedido un premio. Cuéntame un poco.


M.R.- El premio Castellón Letras del Mediterráneo es un premio que se da a la trayectoria de un autor. Para ello hay que comprometerse a escribir una novela que ocurra allí. Todos los lugares que figuran en la novela están visitados, recorridos. Cuando estuve en Castellón Negro, me hice muy amiga de ellos, y con ellos recorrí la ciudad. Aquella visita me hizo sentir ganas de desarrollar una de mis historias justo en este lugar.


M.G.- La novela se titula La chica a la que no supiste amar. Has contado que el título lo tomaste de una obra de Carlos Zanón.


M.R.- Sí, fue una historia muy graciosa. Aparte de un querido amigo, Carlos es un excelente novelista y poeta, como sabes. Lo admiro mucho y procuro seguir todo lo que hace. En uno de los artículos que publicó en la revista Ruta 66, vi el título de la novela e inmediatamente supe lo que quería escribir. Evidentemente, cualquiera que hubiera visto el título se hubiera apropiado de él sin decir nada, que es lo que se suele hacer, pero yo lo llamé, y le pedí que me regalara el título. Él se rió porque, como te digo, no suele ser habitual actuar así. Y ya de paso le pedí prestados unos versos para usarlos también. Me hace mucha ilusión porque Carlos es uno de los escritores más grandes de nuestro tiempo.


M.G.- ¿Y quién no supo amar a quién en esta novela?


M.R.- Hay muy poca gente que sepa amar. La reflexión que hace el detective Roures en esta novela es que cada uno ama como puede. Muchas veces uno no sabe amar y lo único que ofrece son simulacros. Amar bien es muy difícil. En esta novela hay muchos que no saben amar y muchos que no saben si han sido amados.


M.G.- En esta ocasión, el detective Roures tiene que enfrentarse al asesinato de una prostituta nigeriana que ha aparecido en una playa de Castellón, con los dos pechos amputados. ¿Esta historia está basada en algún caso real?


M.R.- No, no. Esta prostituta nigeriana sale de mi imaginación. Aunque sí se han producido asesinatos de mujeres prostituidas, procedentes de Nigeria, Sierra Leona u otros lugares, hasta donde yo sé, no se ha encontrado ningún cuerpo de mujer con los pechos amputados. Pero para mí, era muy importante centrar la trama en esta cuestión. Más allá de hablar del escalafón más bajo, el de las mujeres prostituidas, en el que se encuentran las mujeres nigerianas, que vienen de su país con la misma deuda que cualquier otra víctima de trata, pero que, además, llegan con un amarre de vudú, y han sido maltratadas y vendidas, incluso por sus familias, que tienen que hacer un viaje pavoroso, que después de esa tortura, llegan a nuestro país y se encuentran encima con el racismo, como digo, después de todo eso, quería poner de manifiesto que ellas son mujeres como nosotras, que quieren amar y ser amadas. Sin embargo, muchísimas veces se encuentran con que no las quieren y están solas. Esa soledad, cuando además están enfermas, es terrible. Porque estas mujeres, no solo enferman de catarros, sino que también padecen enfermedades terribles, como es el cáncer de mama, algo que puede ocurrir a cualquier otra mujer. Pero la diferencia está en que nosotras tenemos familia y amigos, y sabemos a dónde podemos acudir para solicitar ayuda médica. Ellas no. Ellas sufren igual que nosotras pero no tienen los medios que nosotras sí tenemos a nuestro alcance. Hablar de este tema era algo importante para mí. Se habla mucho de la trata, de las redes, pero no se habla de las mujeres. Para mí era importante poner rostro y voz a una de las víctimas de trata.


M.G.- Sé que has hablado con varias mujeres, con varias víctimas. ¿Cómo han sido esos testimonios?


M.R.- Son desgarradores. Todo lo que se cuenta de los viajes para llegar a España son tal y como se describen en la novela. Ellas me han hablado mucho de su soledad, algo que he intentado reflejar en esa situación de vulnerabilidad y debilidad que viven estas mujeres, y más cuando están enfermas. Pero, en el caso de estas mujeres, todo es aún más terrible porque, si una mujer prostituida se queda sin pechos, intuye que ni siquiera va a servir para seguir ejerciendo y, por lo tanto, no va a poder pagar su deuda ni enviar dinero a su familia.

M.G.- La descripción de algunas escenas es escalofriante pero es una novela en la que también hay mucha reflexión. Me ha removido las entrañas saber que, de un modo u otro, todos estamos implicados. La sociedad está manchada a través de los médicos, abogados y banqueros que están involucrados en este tema.


M.R.- Así es. Date cuenta que los clubs de los proxenetas están por todas partes y todo el mundo sabe dónde están. Por eso, de alguna manera, todos somos cómplices. Además, estos clubs funcionan con un testaferro. Para que exista un testaferro, los proxenetas, que son gente muy documentada, tienen que tener el asesoramiento de un abogado que se pringa en estos asuntos. En ocasiones, cuentan también con la connivencia de un policía corrupto. Por otra parte, tienen que mover todo el dinero negro que genera su negocio, a través de los bancos para poder blanquearlo. Luego hacen negocios con políticos corruptos. Y encima, en todos los prostíbulos hay un médico que va todos los meses a hacer los controles sanitarios, revisiones que estas mujeres se pagan de su propio bolsillo, con lo que la deuda se rebaja en menor cuantía. Y ya, por último, hay periodistas comprados por los proxenetas que dan credibilidad a sus campañas de legalización de la prostitución. En definitiva, hay mucha gente implicada. Es un pastel muy suculento, es un dinero que se gana a espuertas, y la materia prima se lava y se vuelve a utilizar.


M.G.- Y la magnitud del negocio es tal que hay tres prostíbulos por cada hospital público.


M.R.- Ese dato os ha llamado mucho la atención a todos los compañeros. Lo saqué de El País, pero ha salido en todos los periódicos. Nos pasa desapercibido porque, son tantas las informaciones que recibimos que muchas pasan sin pena ni gloria, hasta que, de pronto, le ponemos cara a una mujer. Esa es la magia de la ficción, y por eso yo quería escribir una novela sobre esto.

M.G.- ¿Qué hacen las instituciones y las autoridades por estas mujeres?


M.R.- Lo tienen muy complicado. La prostitución en España es alegal y hay un vacío. Los proxenetas están parapetados detrás de los testaferros, y se buscan toda clase de artimañas para decir que las mujeres que están trabajando en sus garitos, lo hacen de manera libre y voluntaria. Ellas están atadas por la deuda y saben que si no pagan o denuncian, les van a hacer daño a su familia. Y la que se atreve a denunciar la matan a tiros o la atropellan en un callejón, y eso sirve de ejemplo para todas las demás. Así que tienen muy complicado salir de esto. En cualquier caso, las hay que salen gracias a asociaciones como APRAMP y te aseguro que la UCRIF hace un gran trabajo, desarticulando redes de trata, entrando en prostíbulos, rastreando las calles. Lo que ocurre es que, con la legislación que tenemos, a menos que se pongan serios, es muy difícil. Hasta donde yo sé, antes el gobierno de Sánchez tenía intención de hacer una ley contra la trata pero ahora, con Podemos… Aunque Irene Montero se declare abolicionista, hay otra parte de Podemos que no tiene la misma perspectiva, con lo cual todo se quedará estancado.


M.G.- En cuanto a los personajes, el lector se va a llevar muchas sorpresas porque no todo el mundo es lo que parece.


M.R.- Desde luego que no, como todos nosotros. Todos tenemos escaparates y trastiendas. Si nos miraran por detrás, mucho se sorprenderían.


M.G.- Roures es el detective protagonista de estas novelas, un personaje que el lector irá conociendo a medida que vayamos leyendo. Me gustaría saber si, como persona, ha cambiado desde la primera novela a esta.


M.R.- Se siente igual de descreído y fatigado. En esta novela está más reposado. Viene de un éxito, de haber conseguido resolver un caso complicado y eso lo ha convertido en alguien conocido. Es algo que ha ampliado su espectro y por eso, investiga varios casos a la vez.
Pero, en esta novela, está especialmente reflexivo. El tema que se aborda le va a tocar muchas cosas, como su propio arrepentimiento. Él es un tipo que ha consumido prostitución durante las guerras. Se arrepintió, es algo que lo hace sentir incómodo aunque recondujera su postura. Pero más allá de eso, también le va a tocar otras muchas cosas en su interior. Va a tener que preguntarse por la amistad y el amor. En fin, que hay muchas cuestiones por las que va a tener que reflexionar mucho, y de una manera muy masculina, algo imprescindible dado el asunto que nos toca. La prostitución y la trata es producto de los hombres. Si no hubiera hombres no habría ni una cosa ni la otra. El hombre es el putero y el que demanda, y para él es toda la oferta. Si no conseguimos que el hombre se comprometa y se conciencie, no haremos nada.


M.G.- Otro personaje es Mula, el proxeneta. En la novela se hace referencia a Cabeza de cerdo, el mayor proxeneta de España, un individuo bastante deleznable que fue detenido y condenado en 2012. No sé si este tipo te ha servido de inspiración para crear a Mula.


M.R.- Me he inspirado en varios. Mi amiga Mabel Lozano, que es directora de cine social y ha hecho muchos documentales sobe estas cosas, contactó hace dos años con un proxeneta arrepentido, a través de un amigo nuestro de la UCRIF. Aquel tipo tenía unos diarios y Maribel quiso hacer un documental basándose en aquellos escritos. La convencí para que, en su lugar, escribiera un libro y me ofrecí a ayudarla con la edición. Trabajé mucho sobre ese libro y aprendí mucho de ese proxeneta. Leí otros libros y además conocí a un tipo que regenta un burdel ahora mismo. Fue una experiencia. Es terrible ver y sentir cómo tratan a las mujeres.


M.G.- El vudú está muy presente en la novela porque es la vía por la que inculcan miedo a las mujeres e impedir así que denuncien. Se habla de muchos rituales. ¿Cómo te has documentado?


M.R.- Del vudú me hablaron las propias mujeres nigerianas y luego mi amigo Juanjo Revenga, que acaba de escribir un libro sobre vudú. Este amigo se lo sabe todo. Los rituales, descritos en la propia novela, son aterradores. No solo se los hacen antes de emprender el viaje, sino que también se los repiten al llegar a España. Hay gente que me pregunta cómo es posible que algunas personas puedan creer en estas cosas, en pleno siglo XXI. ¿Pero acaso no hay gente que lee el horóscopo todos los días? Todo el mundo cree en cosas.


M.G.- Así es. Y en cuanto a la estructura de la organización, algo muy curioso es que las mismas prostitutas que ya no ejercen, se encargan de las otras, y las amenazan y las controlan.


M.R.- Te hago una puntualización antes de responder. No me gusta llamar a estas mujeres putas o prostitutas, sino mujeres prostituidas. Es un matiz muy leve pero me gusta recalcarlo. No son mujeres que se ponen en la calle a ejercer la prostitución en las calles de manera voluntaria, sino que las obligan a prostituirse.


En cuanto a tu pregunta, es verdad. Mujeres que han pasado por un enorme dolor, llega un momento en el que no tienen salida, no saben hacia dónde tirar y se quedan atrapadas dentro de la propia red de trata. Se convierten en las malas de la película. Es algo consustancial al ser humano. Si te fijas en Auschwitz pasaba lo mismo con los kapos. Lo piensas y te parece increíble pero así es.


M.G.- El libro está lleno de referencias musicales. ¿Estos temas están buscados a propósito?


M.R.- Por supuesto. Todos tienen que ver con la propia trama de la novela, todos tienen que ver con el alma de Roures o con el resto de los personajes. El único tema que no me gusta es el del capítulo inicial, Callaíta, un reguetón puro que es lo que suena en un burdel. En este libro, me he esmerado especialmente con la música ochentera. Es una música de asfalto porque esta es una novela de viajes, de un puerto a otro. En los viajes aparecen muchas veces las respuestas que buscas.


M.G.- Última pregunta, Marta. Imagino que vamos a seguir viendo a Tony Roures, ¿no?


M.R.- Sí, lo que pasa es que voy a hacer una pequeña pausa. Este libro me he vaciado la tripa. Aquí toco la vulnerabilidad del amor, las traiciones, la trata, las mujeres nigerianas,… Todo eso me ha dejado muy tocada. No me quiero liberar de nada de esto, ni me voy a olvidar, porque esta es mi causa también. Pero necesito hacer un pequeño parón. Y luego volveré a los brazos de Roures, que espero que me esté esperando con los brazos abiertos porque yo necesito un hombre adicto a la lealtad como él.

M.G.- Pues esperaremos, entonces. Muchas gracias Marta. Un placer conversar contigo.

M.R.- Muchas gracias a ti.


Sinopsis: El detective Tony Roures, cínico y sentimental, recibe de madrugada la visita de un viejo amigo, Alberto Llorens, un fotógrafo al que creía felizmente casado con una rica empresaria de Castellón. La triste realidad, según le cuenta, es que tiene problemas conyugales y se ha convertido en un asiduo del club de alterne más famoso de todo el Levante español.

Allí conoció a Blessing, una joven nigeriana, atada a una organización de trata por la deuda del viaje y un ritual de vudú. Tras ser chapuceramente operada de un cáncer de mama, se convierte en «mercancía estropeada» y es asesinada. Es entonces cuando Llorens recibe amenazas y, asustado, busca a Roures. Este comienza una peligrosa investigación que revelará una trama criminal de trata de mujeres de inusitada crueldad.

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