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Marta Robles, escritora y periodista: «Los hombres deben reflexionar sobre la prostitución»

Publicado en Diario de Ibiza

La escritora ha pasado el coronavirus con síntomas leves y permanece confinada en su vivienda de Madrid, desde donde reflexiona sobre su última novela, sobre la trata de mujeres

Pilar Ruiz Costa 

La periodista y escritora en una fotografía hecha en su vivienda, durante el confinamiento.

La periodista y escritora en una fotografía hecha en su vivienda, durante el confinamiento. M.R.

 

Leer. Esta es la recomendación que hace Marta Robles para sobrellevar mejor el confinamiento: «Que lean mucho, que es una manera de vivir dos veces ahora que tenemos la vida partida por la mitad». La cuarentena truncó la presentación de su última novela, ‘La chica a la que no supiste amar’. Recuperada del Covid-19, lanza un mensaje de ánimo: «Mucha gente lo va a pasar de forma leve».

«Entre unos y otros se intercambian información sobre el padre de aquel o la madre propia que pasó por el hospital y se curó o por desgracia no pudo superarlo; pero parece que nadie se atreve a decir «yo di positivo en el Covid-19», como si el virus fuera la lepra de los tiempos de Jesucristo. Así que yo voy a confesar mi pecado: he dado positivo». Así lo narraba en primera persona la escritora y periodista Marta Robles en un artículo en La Gaceta de Salamanca el pasado 31 de marzo.

Hablo con ella desde la distancia del teléfono y me cuenta que también su marido pasó por la enfermedad; que afortunadamente a ambos les afectó de una manera leve y que, aunque han pasado ya el período de cuarentena, mantienen cierta distancia de seguridad con sus hijos, con los que comparten confinamiento en su casa en Madrid.

Hablamos de su nueva novela, ‘La chica a la que no supiste amar’, cuya agenda de presentaciones truncó la cuarentena y que se ha visto trasladada a esos espacios que ofrecen las redes sociales, donde ha participado en diferentes lecturas y encuentros virtuales con los lectores. Es esta la tercera novela protagonizada por el detective Tony Roures, un excorresponsal de guerra que, en esta ocasión, se enfrenta al asesinato de una mujer prostituida nigeriana, Blessing. El relato, que mueve y conmueve, nos lleva por cada uno de los sórdidos rincones de la prostitución y por el infierno y la absoluta soledad que viven decenas de miles de mujeres obligadas a prostituirse en nuestro país, tratando de que la ficción, quizá, nos conduzca a la reflexión del papel que ejerce el putero y una sociedad acostumbrada a barrer ciertas miserias bajo la alfombra.

Pero también hablamos de sus recuerdos sobre Ibiza, destino que ha visitado muchas veces y donde guarda tantos buenos recuerdos como amigos. Nos comprometemos a, cuando todo esto haya pasado y venga a presentar ‘La chica a la que no supiste amar’, tomar «una cerveza pendiente». Brindaremos por el éxito de su novela, pero también por tantas miles de Blessing con las que, queramos ver o no, convivimos. Como bien dice Robles, por que «la luz ilumine, por fin, su camino».

 

Lo primero preguntarte, ¿cómo estás?

Pues estoy muy bien, estoy estupendamente. He pasado el Covid-19 con síntomas muy leves. Es verdad que luego te deja un poco cansada, pero estoy estupendamente. Mi marido y yo hemos pasado los dos el virus y el mensaje más importante es que hay mucha, mucha gente que lo va a pasar con síntomas leves y que después de eso se va a quedar inmunizada como nosotros, así que estamos muy bien.

Has publicado recientemente un artículo hablando de que eras una más de las contagiadas por coronavirus porque opinas que la gente está más abierta a contar que, por desgracia, ha perdido a alguien, pero aún falta quien lo declara en primera persona, ¿sientes que hay un estigma aún con la palabra «infectado»?

Es lo que te acabo de contar: hay mucha, mucha gente que lo va a pasar de manera leve, que gente que lo va a pasar de manera grave o que, incluso, va a fallecer. Lo que pasa es que nos duelen nuestros muertos, nos duele la tragedia, nos duele la desgracia y nos duele tener que estar confinados. Y de alguna manera, sí, ha habido una especie de estigmatización de las personas que hemos tenido el virus, precisamente por esa situación dramática que estamos viviendo, pero yo creo que, poco a poco, eso se va pasando y que la gente ahora ya empieza a decir con naturalidad: «he pasado el virus», que yo creo que ayuda mucho a restar miedo a esta sociedad atemorizada por una situación tan sin precedentes.

 

¿Qué es lo que más estás echando de menos durante el confinamiento?

Echo de menos, sobre todo y fundamentalmente, a la gente. Echo de menos los bares, pasear, los parques, los cines con sus salas? pero echo de menos, fundamentalmente, a la gente. Empezando por mi madre, que vive cerca de mí, pero no puedo ir a verla y siguiendo por todos mis queridos amigos que son otra parte de mi familia.

 

¿Qué crees que has aprendido o estás aprendiendo de esta experiencia?

Que el ser humano es capaz de atravesar por cualquier circunstancia, volverse tan disciplinado como sea necesario para acometer cualquier empresa y acabar superando el reto que le pongan.

 

¿Eres de las que cree que las personas van a salir reforzadas, que seremos «mejores» después de esto?

Yo, ese buenismo que nos invade, me parece un poquito de ciencia ficción. Aunque, mira, como la ciencia ficción también se vuelve realidad, igual puede ser, pero no necesariamente creo que vayamos a ser mejores? Es posible que prioricemos las cosas más importantes sobre las urgentes, pero no creo que necesariamente vayamos a ser mejores. Yo creo que somos mejores cuanto más nos relacionamos entre los seres humanos, con lo cual, estar apartados entre nosotros, no creo que nos vaya a hacer mejores.

 

Sigues publicando artículos y entrevistas en medios como La Razón o La gaceta de Salamanca, pero la cuarentena te interrumpió la promoción de tu último libro, ‘La chica a la que no supiste amar’, y que ahora abordas desde casa, a través de directos en redes sociales y encuentros virtuales con el público. ¿Cómo sientes estos encuentros? ¿Cómo percibes que los sienten tus lectores?

Yo ahora mismo no estoy entrando en colaboraciones en televisión, porque quise esperar un poco el tiempo de cuarentena; sí publico artículos y publico entrevistas y lo que más me interrumpió, como tú bien dices, es la promoción de ‘La chica a la que no supiste amar’, mi última novela. Y, estoy un poco triste, porque es verdad que la novela desde el principio había tenido muy buena aceptación, muy buenas críticas, muy buena acogida por parte de los lectores y te trunca un poco ese espacio que tienen las novelas justo cuando salen, pero, aun así, como dices, hago directos, he leído parte de la novela, ahora me están invitando a presentarla en distintos foros a través de Internet? Y las cosas siguen y uno se tiene que adaptar a lo que hay. El caso es que esta novela, ‘La chica a la que no supiste amar’, es la tercera de la serie protagonizada por el detective Tony Roures, que creé en ‘A menos de cinco centímetros’, continuó su andadura con ‘La mala suerte’ y en esta ocasión, en ‘La chica a la que no supiste amar’ tiene que investigar el asesinato de una mujer nigeriana prostituida a la que, después de haberle practicado una operación, cuando tiene un cáncer de mama, le cortan los pechos y entonces se convierte en mercancía inservible para ese «trabajo» terrible que es la prostitución. A partir de ese momento vamos a recorrer Castellón y Benicàssim y vamos a ir de la mano de Roures zambulléndonos en la investigación de una pavorosa red de trata de mujeres con fin de explotación sexual. Pero, además de todo esto, en esta novela, lo que ves es una reflexión sobre la cara B de esta sociedad. Lo que oculta una sociedad en su trastienda, tanta gente que conocemos que parece que es absolutamente normal y que resulta que tiene guardados secretos terribles y son con los que compartimos la vida. Y al final, es una reflexión profunda sobre el amor, los celos, la amistad, el desamor? y tantas otras circunstancias que se envuelven con una banda sonora original muy espectacular. Aparte de ser una novela absorbente, dura y comprometida, es una novela en la que cabe incluso hasta la poesía; que es dura de leer, pero también grata de leer.

 

Es una historia de ficción que tristemente podría ser realidad, no solamente en Castellón o Benicàssim, sino en cualquier ciudad de España.

Bueno, la historia que yo cuento de esta chica, Blessing, es un personaje absolutamente ficticio, es una historia inventada desde la primera palabra hasta la última, pero, en efecto, esta tragedia es real. Hay víctimas de trata en toda la geografía española, con lo cual, esta historia podría ser real.

 

Leyes aparte, ¿cuánto crees que es necesaria una reflexión colectiva de la sociedad española, pero, sobre todo, individual del putero?

Pues creo que es imprescindible una reflexión, fundamentalmente, de parte del sector masculino de la sociedad. De hecho, a mí, me parecía imprescindible que la reflexión de este libro la proporcionara el propio detective Roures, un tipo que es excorresponsal de guerra, que es un tipo que tiene muchos arrepentimientos en la mochila y entre otros «errores» de su pasado está el haber consumido prostitución en tiempos de guerra; algo de lo que no se siente nada orgulloso, sino todo lo contrario. Le parece abominable y está en otra posición. Es decir, es un tipo que reconoce sus errores y reconduce sus posturas. A mí eso, me parece fundamental, porque muchas veces nos juntamos todas las mujeres a hablar de problemas de nuestro entorno, de nuestro lugar de la sociedad y me parece que, si no hacemos partícipes a los hombres que, en ocasiones, son parte del problema o, como en el caso de la trata de mujeres y prostitución, son el problema –porque son los que demandan que haya mujeres prostituidas–, pues realmente no vamos a conseguir nada. Lo que necesitamos es que ellos también se conciencien y, por supuesto, se comprometan.

 

¿Siguen presentes en nuestra sociedad las justificaciones, tanto en hombres como en mujeres, de que un hombre acude a un puticlub «porque es una despedida de soltero», «porque tiene problemas en su matrimonio» o ese «mientras me respete de puertas adentro, da igual lo que haga fuera»?

Bueno, como eso es una mierda, dicho exactamente con las palabras que hay que decirlo: una auténtica mierda de nuestra sociedad, porquería de las que esconden debajo de las alfombras, pues realmente tendremos que contribuir todos a que eso cambie, ¿no? Curiosamente, hay muchísima gente que ve todos los reportajes que salen en la televisión, o que leen en la prensa sobre la trata de mujeres, ¡porque tienen muchísima audiencia! A todo el mundo le interesa, todo el mundo lo lee, se echa las manos a la cabeza, igual que cuando pasa por un puticlub de carretera y luego se olvida del asunto porque eso, como tú bien dices, es una cosa casi instalada en la parte B de nuestras vidas. Yo creo que esto sucede, fundamentalmente, porque hemos llegado a un momento en que tenemos la piel tan de rinoceronte, que todas esas noticias y toda esa realidad ni siquiera nos atraviesa la piel. Nos hemos vuelto esos monstruos que no son capaces de sentir el dolor ajeno, de sentir el dolor que sienten otras personas. Y a veces lo que sucede también, no se sabe por qué, nos parece que las víctimas de trata son «otra cosa», es como si no fueran personas. Precisamente por eso escribí ‘La chica a la que no supiste amar’ y por eso construyo un personaje de ficción a través del cual se siente la enorme soledad que tienen estas chicas que, aunque convivan con otras, ni siquiera pueden establecer lazos con ellas porque son sus rivales en aquello que más les repugna hacer, que es la prostitución. Son chicas que están absolutamente solas en cualquier circunstancia de sus terribles vidas, pero más aún, si de pronto les toca algo que nos puede tocar a todas, que es una enfermedad, que puede ser un catarro o, fíjate, el coronavirus ahora, o puede ser un cáncer de mama. Un cáncer de mama para cualquiera de nosotras sería una tragedia, pero para ellas significa, casi, la muerte directamente. Y la muerte porque sea muerte real o porque, simplemente, se quedan convertidas en material inservible para «eso» que, de alguna manera, les hace seguir en la vida, pese a ser lo peor de lo peor que es esa esclavitud de prostitución.

 

Sí, ya lo dice tu novela: «¿Para qué coño sirve una puta sin tetas?»

«Para qué sirve una puta sin tetas». Esa es una frase lapidaria, terrorífica que yo sigo escuchando y me sigue doliendo el corazón tanto como cuando la escribí.

 

Capaz de atravesar la «piel de rinoceronte» hasta del mismísimo Roures.

Si hay algo que me gusta de esta serie es haber construido un personaje como el detective Roures que es un tipo capaz de entender que en la vida no todo es blanco y negro, sino que hay infinitas tonalidades de grises; de comprender, más que de juzgar y de seducir, gracias a escuchar. Un tipo culto y con un enorme amor a la música que es el bálsamo de sus heridas y con una característica fundamental que me parece que es deliciosa como es ser un hombre adicto a la lealtad.

 

El libro está escrito absolutamente desde dentro. Para documentarte, no solo te has «reunido» sino que te has rodeado de mujeres que te contaron su experiencia, ¿cómo te ha cambiado conocerlas?

Para escribir una novela lo que hago es imbuirme de todo aquello que voy a contar porque las novelas no tienen que ser reales, pero tienen que ser verosímiles. Eso es fundamental y solo se alcanza apuntalándolo a partir de datos reales y concretos que convenzan al lector de que esa historia podría haber sido real. En el caso de ‘La chica a la que no supiste amar’ he hablado con proxenetas, con policías, con gente que ha hecho tesis doctorales sobre el viaje que hacen las chicas nigerianas antes de venir hasta España que es un viaje terrorífico que dura entre tres meses y tres años y donde padecen las más terribles miserias humanas. He hablado con médicos, con narcotraficantes, con gente del mundo del juego, he leído varios libros sobre el proxenetismo, entre ellos uno que yo misma edité? Bueno, he hecho un trabajo de documentación tremendo y después de haber hecho todo esto, he hecho lo fundamental, que es hablar con cinco chicas nigerianas víctimas de la trata que me contaron sus propias historias. Esto me ha dejado, por supuesto, muchísimas cicatrices en el alma y ahí se van a quedar porque no quiero liberarme de todo lo que me contaron, sino hacerlo parte de mi vida y de mi propio compromiso.

 

¿Crees que se puede seguir teniendo humanidad mientras pasas de largo a tantas Blessing y Charity, sin sentir empatía?

Pues está claro que nos pensamos que sí, pero tú, yo y todos sabemos dónde hay prostitución en nuestro país, en nuestra ciudad y en nuestro entorno. Con lo cual, nosotros, también somos cómplices.

 

Y, de hecho, España, según el último informe de la ONU, ostenta el vergonzoso primer puesto en el ranquin. Es el principal país consumidor de prostitución de Europa. El tercero del mundo.

Eso es. Eso es.

 

El mismo informe también habla de que un 39% de los españoles reconoce –y yo, cada vez que leo un «reconoce» pienso en cuántos serán en la cifra real– haber pagado por servicios sexuales

Pues fíjate que yo tenía otro dato por ahí que hablaba de un cuarenta y tantos por ciento, pero si ese 39 reconoce que ha consumido prostitución, imagínate lo que queda, porque habrá mucha gente que habrá consumido y no lo reconocerá en absoluto. En esas estamos.

 

Ayer se publicó que más de 70 organizaciones y plataformas feministas promueven la convocatoria de una gran manifestación estatal el próximo 26 de septiembre en Madrid exigiendo una ley abolicionista de la prostitución.

Pues no lo conocía, pero yo desde luego soy abolicionista. A mí me parece que es el único camino posible. No para erradicar la prostitución o la trata, porque eso no lo vamos a conseguir, igual que no hemos conseguido erradicar el asesinato, o las estafas y el mal del ser humano. Y creo que el camino es la abolición porque fija el castigo en el putero y no en las mujeres prostituidas y se lo pone más difícil a los proxenetas. Entonces, me parece que está muy bien esta manifestación por la abolición, pero en los últimos tiempos temo tanto que las manifestaciones acaben siendo herramientas políticas, que me preocupa sobremanera. Últimamente el feminismo está teniendo muchísimas quiebras, muchísimas fracturas, precisamente porque hay quien se quiere apropiar del feminismo y, si sirve a deseos absolutamente políticos, yo que soy feminista de toda mi vida y que he luchado denodadamente por conseguir que se igualen nuestros derechos, por lo que es verdaderamente para mí el feminismo, me parece terrible. Con lo cual, a mí me parece que está muy bien lo de la manifestación por la abolición, pero hay que tener mucho cuidado de quien la lidere no sea alguien con intereses políticos. De lo que se trata es de mover a los propios políticos para que realmente cumplan con sus obligaciones.

 

El debate lo tenemos abierto dentro del propio Ministerio de Igualdad. La ministra Irene Montero se declara a favor de la abolición, pero también admite que hay compañeras que no lo son y ese debate entre los distintos colectivos feministas es constante.

Bueno, de hecho, se supone que en el anterior ejecutivo de Pedro Sánchez ya había prevista una ley íntegra contra la trata que ahí anda parada, entre otras cosas, porque desde el Ministerio de Igualdad y desde Podemos, hay distintas formas de pensar. Con lo cual, insisto, como luego a lo mejor, resulta que precisamente Irene Montero, o el Ministerio de Igualdad, o alguien decide ponerse a la cabeza de todo eso como si ellos fueran realmente los que estuvieran luchando y no todas las personas que están luchando de verdad, a pie de calle, desde las asociaciones. Gente que da el callo sin buscar ningún interés personal y propio, solo buscando el interés de estas personas que sufren tanto, que son las víctimas de trata? Yo, desgraciadamente pienso que puede suceder y estaré muy atenta para no contribuir.

 

Recordemos que se estima que unas 100.000 mujeres ejercen la prostitución en nuestro país y que alrededor de un 80%, estamos hablando de 80.000 mujeres, son víctimas de trata. Esclavas.

Y te vuelvo a repetir que todos esos son datos muy difíciles de contrastar porque hay muchas mujeres víctimas de trata que prácticamente no tienen ni identidad. No es que no tengan papeles, es que no tiene ni identidad. No están ni censadas? ¡No existen! Con lo cual, todos esos datos habría que multiplicarlos.

 

Recientemente hemos conocido el escándalo de las menores tuteladas prostituidas en Mallorca, ¿crees que Mallorca es un caso aislado?

No tengo ni idea? Me gustaría pensar que sí, pero nunca hubiera podido si quiera sospechar que eso existiera en un país como el nuestro. Me dan ganas de vomitar.

 

Has estado en Ibiza en diferentes ocasiones. Me refiero a «oficialmente», aunque espero que hayas venido mucho también, por placer. El año pasado estuviste presentando tu anterior novela, ‘La mala suerte’, y también te hemos tenido en el Club Diario de Ibiza, presentando, junto a Fernando Marías, ‘Obscena, trece relatos pornocriminales’, que creo que fue tu primera incursión en la novela negra.

Bueno, esa es mi primera incursión en la ficción criminal a través precisamente de un relato pornocriminal y fue un reto, sin ninguna duda, impactante y al que accedí como tantas veces de la mano de Fernando Marías, que es una persona a la que quiero profundamente, pero admiro mucho más y, bueno, tengo la suerte de estar en este libro rodeada de grandísimos escritores del género en nuestro país que escribieron sus propios relatos y también tengo la suerte de que el mío fuera uno de los más aplaudidos, así que estoy muy satisfecha. Y con respecto a lo que dices de Ibiza, la isla forma parte de mi vida desde que tenía diecinueve años que fue la primera vez que fui. Estuve durante muchísimos años de mi vida yendo constantemente: en verano, en invierno, tengo grandes amigos en Ibiza, que viven allí y realmente he ido en todas las temporadas y durante muchísimos veranos de mi vida. Lo que pasa es que, con el paso del tiempo, y teniendo niños, al final acabé yendo a Formentera, y de Formentera a Mallorca y ahora voy mucho más esporádicamente a la isla de lo que iba antes. Pero reencontrarme con Ibiza y con los ibicencos, para mí, es un placer inconmensurable.

 

Supongo que acabará más pronto que tarde apareciendo Ibiza en alguna de tus novelas.

Seguro, sin ninguna duda.

 

Y ya como despedida, ¿qué les dirías a los lectores que están de confinamiento o incluso convalecientes?

Pues que mucho ánimo y mucha fuerza. Todo se pasa gracias a la voluntad y a la disciplina y a encontrar esperanza en el horizonte. Que lean, que lean mucho, que es una manera de vivir dos veces ahora que tenemos la vida partida por la mitad.

 

Muchísimas gracias y recuerda que esto tenemos que terminarlo tomando una cerveza, o un café, pero brindando.

Un brindis en Ibiza después de presentar la novela, eso sería lo mejor.

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