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A la literatura no la para un virus

Publicado en La Gaceta de Salamanca

A los valientes se les reconoce por su soltura en aguantarse el miedo y por su capacidad para enfrentarse a los dragones como si fueran pacíficos animales de compañía y no pudieran chamuscarles y dejarlos convertidos en cenizas. Y no hay muchos, casi no se les encuentra en ninguna parte. Pero cuando aparecen, lo mueven todo, desde el terror hasta la desgana, y convierten lo impensable en puro milagro.

Valientes son, sin duda, los organizadores de la Semana Negra de Gijón. El festival literario patrio más internacional. El más celebrado y considerado. El único que se atreve a poner a los libros a bailar, entre pinchos de morcilla y atracciones de feria. Ese al que los autores de todo el mundo “matan” por acudir, aunque no ofrezca hoteles de lujo ni restaurantes de renombre en su programa.

Que fuera precisamente la Semana Negra de Gijón la que decidiera que su consigna fuese “A la literatura no la para un virus” no resultaba nada extraño. Pero que consiguiera superar sus propios temores de organización, al tiempo que hacía olvidarse de los suyos a los visitantes y a los escritores invitados, no era tarea sencilla. Pero había que intentarlo, así que se colocaron las mascarillas tapando nariz y boca, y comenzaron a marcar números de teléfono, dispuestos a convencer a unos para participar in situ y a otros a través de las mágicas pantallas que todo lo invaden. Y lo hicieron, con tal pasión que, pese a las reticencias y recomendaciones, ni uno solo de los autores declinó la invitación. Lo mismo daba que fuera necesario contar con la boca cubierta o que la distancia obligatoria de metro y medio limitara los aforos: la Semana Negra se celebraría, sí o sí. Y en ello está. Comenzó el pasado fin de semana, con toda suerte de precauciones, y permanecerá proponiendo charlas y recibiendo amigos en los Espacios de Cultura del Antiguo Instituto, durante los diez días habituales. Y no solo eso: la fiesta del libro se completará -ya se está haciendo- con unas improvisadas casetas para las librerías, en la calle peatonal Tomás y Valiente, amparadas por mamparas plásticas tras las que los libreros exhibirán sus títulos y los escritores firmarán sus ejemplares. Además de la alegría sincera de ver, por fin, algo de movimiento cultural en tiempos de pandemia, hay que decir que será su ejemplo, como antaño, el que hará que los festivales literarios de nuevo se multipliquen en España y que se sumen a la última y decidida reivindicación del más longevo y aplaudido de los encuentros literarios de nuestro país, que no es otra que la que recoge su eslogan: “A la literatura, no la para un virus”.

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