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Corinna

Publicado en La Razón

Tan rubia como siempre y ofreciendo una encantadora  sonrisa, Corinna Larsen, la falsa princesa que siempre quiso ser reina, recibió a los periodistas en la habitación del hotel. La bella teutona , que había visto una y mil veces aquella entrevista bomba de Lady Di, conocía bien la importancia de una buena puesta en escena. Por eso eligió parecido decorado e idéntico atuendo. Aunque ella fuera la otra, era preciso que quienes atendieran a sus palabras estuvieran seguros de que le resultaba tan imprescindible confesar para evitar el peligro como a Diana. Así creerían cuanto dijera. Por mucho que retorciera la verdad. Para reforzar sus argumentos, decidió socavar previamente la imagen de su víctima con una foto infame, de barbacoa, indigna para un rey o una estrella de rock.  Tras ella, cualquier disparate podría ser tomado como cierto. Ensayó una y mil veces los gestos ante el espejo y repasó todas las preguntas previamente pactadas. Sofía, Urdangarín, Cristina, el dinero, Felipe y hasta Franco… Para que su credibilidad fuera rotunda, debía ofrecer una mirada lánguida, un tono suave y compungido, unas declaraciones guillotinadoras y algún elemento de complicidad con alguien. Decidió elegir a la educadísima y profesional reina Letizia. Era perfecta para convertirla en mártir, por no tener sangre azul y verse obligada a soportar a un pérfido y real suegro. Señalar sus virtudes era como decir: “es una de las nuestras”. Así molestaba a todos y, de paso, dañaba a la propia reina, que también debía quedar muerta. Cuando terminó la entrevista, despidió a los reporteros y cerró la puerta. Se sentía la mejor actriz. Entonces m iró al techo, suspiró hondamente y, sin poder evitarlo,  dejó escapar una siniestra carcajada.

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