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«La dieta del paciente oncológico debería ser, en todo momento, personalizada»

Publicado en el suplemento de salud de La Razón

DRA. ROCÍO FONSECA VALLEJO. Licenciada en Medicina – Especialidad Oncología Radioterápica. Graduada en Nutrición – Especialista en Nutrición Clínica y Nutrición Oncológica en www.clinicassegura.com

¿Es verdad que hacer ayuno antes de la quimioterapia potencia sus efectos?


Este es un tema que sin duda se ha vuelto muy popular en los últimos años; sin embargo, no podemos obviar que toda la expectación creada en torno al ayuno en pacientes oncológicos, también ha dado lugar a la aparición de mensajes ambiguos y en cierta medida “especulaciones” sobre una intervención de la cual aún hay mucho por estudiar y evidenciar.

Cada vez es mayor la evidencia preclínica (es decir, estudios celulares/animales, no en personas), en relación al efecto protector frente a la toxicidad de los tratamientos oncológicos, que ofrecen los periodos cortos de ayuno en pacientes en tratamiento con algunos tipos de quimioterapia y/o radioterapia. Esto es debido a que se produce un aumento en la resistencia al estrés de las células sanas (disminuyendo así los efectos secundarios o no deseados derivados de la destrucción de células sanas por parte de los tratamientos), mientras que las células malignas se vuelven más sensibles a la actividad tóxica de los tratamientos (aumentando por tanto la eficacia de los mismos) quizás por ser privadas de los nutrientes necesarios para cubrir las exigentes condiciones metabólicas que las células tumorales necesitan para sobrevivir.


Pero aún hay mucho por demostrar y definir: qué tipo de tumores (no todos tienen el mismo comportamiento), en qué estadios de enfermedad (no es lo mismo una enfermedad muy localizada que aquellas situaciones donde la enfermedad se ha escapado de su lugar de origen y ha proliferado en otros órganos/tejidos), y qué esquemas de ayuno podrían tener efecto y de qué manera.


¿Y de qué tipo de ayuno estamos hablando?


Esto varía mucho de unos estudios a otros. En general hablamos de pautas de ayuno de entre 36 horas previas a la quimioterapia y 24 horas posteriores al tratamiento, permitiéndose únicamente agua o té/infusiones sin ningún ingrediente añadido; es lo que se conoce en los estudios como “Short Time

Fasting” o periodos cortos de ayuno. En otros estudios lo que se propone en lugar del ayuno, es una restricción calórica o ayuno parcial controlado durante 5 días del tratamiento (por ejemplo 600 Kcal el día 1 de tratamiento, y 300 Kcal los días 2 al 5 de tratamiento, aportadas por vegetales, y restringiendo al máximo el consumo de proteínas y grasas).


Los resultados de algunos estudios (aún en fases iniciales como para extraer conclusiones y mucho menos pautar de forma general estos esquemas), es que los periodos cortos de ayuno durante el tratamiento con quimioterapia son bien tolerados, mejoran la calidad de vida y disminuyen la fatiga (cansancio) durante el tratamiento. Sin embargo, otros estudios han tenido que ser detenidos por la falta de adherencia de los pacientes a este tipo de intervenciones (y esto es algo que no podemos obviar).


Por tanto, aún es pronto para poder protocolizar, ni tan siquiera recomendar esquemas de ayuno en los pacientes oncológicos en tratamiento.


¿Habría que tomar alguna precaución? Porque las personas que se dan quimio tienen las defensas muy bajas y ayunando supongo que más, ¿no?


Como decía anteriormente, no es una pauta que podamos recomendar (a día de hoy) de forma generalizada a todos los pacientes en tratamiento oncológico; no podemos obviar el hecho de que cada paciente y por tanto cada enfermedad es única, debiendo siempre tenerse en cuenta el individuo en su conjunto y las características personales, de la enfermedad y del tipo de tratamiento. Esto, sumado a que toda la evidencia en torno al ayuno en pacientes oncológicos está aún en vías de investigación temprana, podemos decir que se trataría a día de hoy de una intervención “prometedora” pero que aún los profesionales en materia de nutrición oncológica no podemos recomendar de forma generalizada.


Dicho esto, y cuando hablamos de defensas en Oncología, estamos hablando concretamente de los neutrófilos, que son un tipo de leucocito (glóbulo blanco) que nos defiende principalmente de infecciones. Cuando un paciente en tratamiento oncológico “tiene las defensas bajas” estamos hablando de una “neutropenia” (bajada de neutrófilos) y esto se debe a un efecto directo del tratamiento sobre las células de la médula ósea por sus características de proliferación y renovación rápidas (la quimioterapia destruye las células malignas porque se reproducen de forma rápida y descontrolada, pero no “distingue” entre esas células malignas y otras células benignas que igualmente se reproducen y recambian muy rápido como son las células de la médula ósea – glóbulos rojos, blancos y plaquetas-, células del tubo digestivo… de ahí los efectos adversos no deseados de los tratamientos). Desde el punto de vista de la alimentación, no tenemos la posibilidad o capacidad de “subir” esas células defensivas, pero sí tendremos que tener en cuenta medidas higiénico-dietéticas para evitar que el paciente pudiera adquirir una infección a través de los alimentos dado su estado de neutropenia (más indefenso frente a infecciones).

Para hacer este ayuno previo a la quimio, ¿es preciso llevar durante el resto del tiempo una dieta muy precisa y determinada?


La dieta del paciente oncológico debería ser en todo momento PERSONALIZADA, desde el diagnóstico de la enfermedad. Esto quiere decir que sería necesario un evaluación nutricional y pautas de alimentación individualizadas en función del tipo de enfermedad y su grado de extensión, situación clínica del paciente, tratamiento al que va a ser sometido. Más allá de que el ayuno llegue a demostrar ser una buena estrategia terapéutica (o no) en el paciente con cáncer, lo más importante es que el paciente tenga todas las herramientas y el seguimiento profesional necesario para que su estado nutricional sea el más adecuado en cada momento de la evolución de la enfermedad.


¿Y está indicado para todo tipo de pacientes que van a someterse a una quimio o solo a algunos en concreto?


Habitualmente no hay pautas que puedan indicarse a TODOS los pacientes en general, ya que debemos tener en cuenta la situación clínica, tipo de enfermedad y su grado de extensión, tratamiento, cuántas líneas de tratamiento lleva para su enfermedad (lo cual puede haber repercutido en su estado clínico), y un largo etcétera de variables.
Existen estudios en marcha en pacientes con cáncer de mama, cáncer de ovario, cáncer de colon, entre otros, pero existen diferencias en cuanto al diseño de los estudios, los esquemas de ayuno utilizados y, por tanto, no podemos extrapolar los resultados de forma generalizada.


A día de hoy, no tenemos suficiente evidencia para recomendar este tipo de práctica a los pacientes oncológicos en tratamiento; generalmente se suele reservar para situaciones muy concretas, quizás de pacientes muy sintomáticos a pesar de las medidas de soporte médico, pero siempre explicando bien al paciente que se tratan de pautas aún en vías de investigación.


El ayuno controlado fuera de este proceso, ¿tiene tan grandes beneficios como comentan sus adeptos?


Puede tener (o no) sus beneficios si está bien indicado y llevado a la práctica. Hoy en día, con las nuevas tecnologías, es muy fácil difundir los teóricos beneficios de una pauta, pero de ahí a que en la práctica pueda generalizarse hay un camino bastante amplio. El ayuno intermitente no es para todo el mundo, ni vale para todo. Puede tener su indicación en situaciones de patologías metabólicas como la RESISTENCIA A INSULINA, ya que parece mejorar el perfil metabólico del paciente, y si ésta fuera la casa de por ejemplo la dificultad para perder peso, podría de forma colateral ayudar a la pérdida de peso en ese perfil de pacientes. Otras situaciones en las que lo solemos utilizar (sobre todo el ayuno nocturno de 12-14 horas), es en patologías digestivas inflamatorias/infecciosas, donde dar ese “descanso” al tubo digestivo puede ser beneficioso para el control de síntomas.


Como pueden ver, el ayuno puede tener sus beneficios siempre y cuando esté bien indicado y bien supervisado.


Pero también puede ocasionar serios perjuicios si no se hace con supervisión médica, ¿no?


Así es; cuando hablamos de pacientes oncológicos, en general, el riesgo de malnutrición y/o de pérdida de masa muscular que puedan poner al paciente en riesgo de desnutrición, nos hace replantearnos mucho en qué perfil de pacientes podría tener cabida este tipo de intervención.


Necesitamos tiempo para poder tener resultados más avanzados en investigación clínica (estudios en pacientes) que nos permitan tener protocolos más claros para ofrecerles, y generar evidencia clínica (basada en el paciente en práctica clínica habitual, no en ensayo clínico).

Para terminar, y algo de lo que todos debemos aprender, es que este tipo de noticias si no son explicadas por profesionales actualizados en este tipo de materias, pueden generar en los pacientes (y en la sociedad) ciertas expectativas e incluso llegando a ponerlas en práctica, con el riesgo que ello puede suponer para la salud de las personas. Siempre se deben contextualizar los resultados publicados de los estudios, y contar con profesionales que puedan interpretarlos con claridad; gracias por contar conmigo para hablar de AYUNO Y CÁNCER (desde la evidencia).

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