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Marta Robles: «Los poderosos llegan a extremos que ni imaginamos por el sexo»

Publicado en El Mundo

FOTOGRAFÍA: JAVIER BARBANCHO

Marta Robles. Madrid, 1963. Publica Pasiones carnales, un ensayo cuyo subtítulo nos da más pistas: ‘Los amores de los reyes que cambiaron la Historia de España’. Y decir «amores» es ser extremadamente educada. Dejémoslo en que no es un libro para horario infantil.

Leído el libro, Juan Carlos I ha sido casto y puro para los estándares históricos de la monarquía española.

La monarquía ha sido tremenda, pero no son sólo los reyes, sino todos los poderosos, los que al ejercer su poder han tenido esa otra parcela dedicada a las pasiones carnales. Y esas pasiones carnales de los quienes ostentan el poder tienen una incidencia directa en los países, en la Historia… Las tuyas y las mías seguramente no supondrían ningún problema, pero cuando los poderosos se dejan llevar por el sexo llegan a extremos que nosotros ni imaginamos.

¿Concluímos, pues, que el abuso de poder es crónico?

No se puede juzgar la historia fuera de contexto y de tiempo, porque nos equivocaríamos. Las circunstancias y las condiciones de cada momento histórico hacen que tengan unas características precisas. Lo que sí es cierto es que siempre ha habido poderosos y, por debajo, los que tenían que acatar ese poder. Los poderosos siempre se han creído únicos y diferentes y eso les confería, a su entender, unos derechos que al resto de las personas no se les permiten. ¿Qué es lo que pasa? Que cuanto más absoluto ha sido el poder más posibilidades tenían los que lo ejercían de hacer lo que les diera la gana. Y lo hacían.

¿Te inquieta la ola de revisionismo histórico que vivimos?

Lo que me preocupa es que pensemos que tenemos que mirar con nuestros ojos todo lo que sucedió en el pasado. Sobre todo porque creo que ese empeño en juzgar hace que muchas veces no entendamos las circunstancias reales de cada historia. Es muy peligroso y muy, muy, perjudicial mirar al pasado con los ojos del presente. Hay que mirar al pasado y entender las circunstancias, ver cómo eran los seres humanos, cómo era su vida, cómo se desarrollaban los acontecimientos en los que vivían y, a partir de ahí, entender cómo hemos ido evolucionando y cómo hemos llegado hasta aquí. No pretender decir: «Todo estaba mal, todo era tremendo». No, es que tienes que entenderlo en el contexto en el que se produjo, no desde la visión de siglos de progreso.

¿Se ve ese progreso según pasan capítulos y siglos en el libro o apenas hemos evolucionado en cuanto al sexo y el poder?

Hay de todo (risas). Yo abro el libro con una frase de Oscar Wilde que se dice mucho en House of Cards y es absolutamente cierta: «Todo en la vida trata sobre el sexo excepto el sexo, el sexo trata del poder». La pasión sigue moviendo el mundo; lo que sí hay que decir es que cuantos más mecanismos de control sobre el poderoso tengamos menos se pueden permitir determinadas cosas. Aunque hoy tenemos más herramientas para controlar a los poderosos, si miramos a cualquier gobierno, me da lo mismo que sea de una ideología u otra, aquí o allá, nos encontraremos con que los abusos de poder siempre existen, pero pienso que van siendo menos. O deberían ser menos.

El sexo es poder, pero por encima de todo es sexo. ¿Somos muy primarios?

Es una cosa curiosa, el sexo y el poder están relacionados de una manera casi enfermiza. Si revisas la Historia te das cuenta de que cuanto más absoluto era su poder, más lo mezclaban. También tenían unas obligaciones distintas, hay momentos en que los poderosos lo arriesgaban todo por tener ese poder, se iban a los campos de batalla y se jugaban la vida cada martes y cada jueves… Luego controla tú a esa gente. Por eso te digo que no podemos revisar la historia con los ojos del presente. Y luego está la erótica del poder…

¿De verdad existe?

Es curioso, pero sí. Los poderosos de pronto adquieren un atractivo que sin el poder no tenían. Eso es así. Así de radical. Y es curioso cómo los propios poderosos se creen con el derecho y las cualidades suficientes como para tirarle los tejos a todo el mundo y pensar que cualquiera va a aceptar sus avances. Es una cosa bastante sorprendente. No hay persona que llegue al poder y no quiera refrendar su poderío también en el sexo. Lo que creo es que el amor, la pasión y la muerte son lo que conforman el relato del mundo.

Si tuviéramos que hacer una ‘The Crown’ española, una serie sobre nuestra monarquía, ¿con qué época te quedarías?

Podrías hacer varias temporadas con los Borbones, que nos han dado mucho juego desde Felipe V en adelante. La Corte antes de los Borbones era mucho más austera pero desde que llegaron hay más… digamos alegría. Otra: la historia de Alfonso XI y Leonor de Guzmán también daría una gran temporada. Leonor fue concubina del rey durante 23 años, fue aceptada dentro y fuera de nuestras fronteras como si fuera una reina, mientras que la reina de verdad, María de Portugal, se reconcomía junto a su único hijo, el heredero. Y Leonor de Guzmán era muy bien considerada, aconsejaba al Rey, iba haciéndose un patrimonio que no veas y colocó a sus diez hijos estupendamente bien. Pero cuando el rey muere, María de Portugal se toma la revancha y entre ella y su hijo, Pedro I el Cruel, planifican su asesinato y se la cargan en Talavera de la Reina. Y aún hay más, para que veas cómo mueven las pasiones la Historia. Es un hijo de Leonor y Alfonso XI, Enrique de Trastámara, quien asesina a Pedro I y a partir de ahí cambia la dinastía. Y a esa nueva dinastía, la Trastámara, no es cualquiera porque a ella pertenecen los Reyes Católicos. Mira lo que origina en la Historia de España una concubina. ¿Hay o no hay para una serie?

¿Cuál es el rol de las mujeres en todo este culebrón?

Por desgracia, toda la Historia, incluso en nuestros días que aún no hemos conseguido equilibrarlo del todo, está escrita a partir de la desigualdad entre hombres y mujeres. Pero es cierto que las mujeres, en la trastienda de los acontecimientos, han utilizado sus cartas para tener también sus áreas de poder. Lo que pasa es que era muy complicado, sobre todo en muchos momentos de la Historia cuando las mujeres estaban catalogadas de dos maneras: mujeres buenas o mujeres malas. Y ser mujer buena o mala solamente dependía de la honra, que había que defenderla por encima del mundo. Y las malas siempre eran las mujeres, no los hombres que las deshonraban… Y luego había una curiosidad: cuando las mujeres de la Corte, se liaban con nobles o con reyes, la Iglesia hacía la vista gorda porque le daban las donaciones pertinentes, mientras que las que no tenían posibles estaban condenadísimas. Así que, sí, la Historia se ha escrito a través de la desigualdad.

Hay episodios tremendos en el libro.

Sí, por ejemplo, Isabel de Farnesio que aguantó lo que no está en los escritos. Fue la segunda mujer de Felipe V, que era un tipo muy pirado, con un trastorno de la personalidad terrible y una obsesión por el sexo brutal que solamente se le desvanecía ligeramente cuando iba al campo de batalla, con la adrenalina de la sangre, pero el resto del tiempo tenía que estar todo el rato dedicado al sexo. Y además no le ponía los cuernos a sus mujeres porque tenía mucho temor de Dios, así que quería sexo todo el rato y, entre una vez y otra, se dedicaba al onanismo. Le decía a su confesor: «Si hago esto pensando en mi esposa, tendré menos pena». Y el confesor: «Por supuesto, majestad» (risas). Pero donde voy es a que Isabel de Farnesio fue una mujer que aguantó todo, carros y carretas, todo el sexo, de todas las maneras habidas y por haber, más sucias, menos sucias, más gratas, menos gratas… Lo que quisiera el Rey, incluso sus malos tratos, que con el trastorno de la personalidad estaba loco perdido, se creía una rana y luego la pegaba… Y ella aguantó todo para tener poder. De hecho, fue la primera reina que consiguió firmar los escritos oficiales junto al rey. Desde el lado complicado de las cosas, pero ha habido mujeres que han sido muy, muy, definitivas para la Historia. Ya lo decía Dumas, cherchez la femme. Si es que al final todo está en la pasión… y en la inteligencia de las mujeres. La inteligencia supina de muchísimas mujeres.

Es llamativo la de detalles sobre la vida sexual de los reyes que se conocen. La prensa rosa antes se llamaba Historia.

Bueno, es que en los matrimonios medievales la noche de bodas estaba el notario esperando que saliera la sábana manchada de sangre… Ha habido mucha certificación de muchas cosas sexuales en la Historia. Como este libro es un ensayo novelado, para que no resulte nunca un fraude al lector, voy diciendo qué novelo y qué no, pero incluso lo que novelo es en base a datos que he leído, no es pura y dura imaginación. Si digo que el pene de Fernando VII es el más feo de la Historia de España es porque se sabe cómo era el pene. Esos datos están ahí, pero no te creas que no cuesta buscarlos.

¿Cuánto te has divertido mientras investigabas?

Muchísimo, pero he sufrido también. Primero, porque yo soy muy intensa y me meto en todo como una loca, pero también he sufrido porque de verdad ha sido muy difícil buscar la documentación y tratar de conseguir que la historia fuera accesible, atractiva y sirviera también para aprender. He aprendido muchísimo escribiendo este libro y me he quedado estupefacta con algunas circunstancias. Aunque ya sabía que el abuso de poder ha sido una constante a lo largo de la historia y que, en general, los poderosos se sienten por encima del mundo, algunos personajes me han sorprendido. No me imaginaba yo que a Alfonso X el Sabio le gustaba tanto la jarana.

¿Es el que más te ha sorprendido?

No te podría decir porque he ido de sorpresa en sorpresa y tiro porque me toca. Lo que pasa es que Alfonso X el Sabio ha tenido siempre muy buena prensa. Se hizo una campaña de marketing estupenda con la cultura, las Cántigas de Santa María y esto y lo otro, pero luego tiene otras cántigas de sexo que son horrorosas y que escandalosas. Este era el típico rey al que le gustaba la farándula más que nada. Los cómicos, las juglaresas, las soldaderas… Se lo pasaba bomba, transgredía todas las normas y supo pasar a la historia como pasó, pese a sus amantes, sus juergas y sus líos.

¿Cuánto de este abuso de poder sigue vigente?

A mí me gusta mucho mirar todo con perspectiva y por eso he cerrado el libro en Alfonso XIII, pero en todos los siglos cuecen habas. No sólo en el mundo de las coronas, sino en el mundo del poder y en el poder están los políticos, los dirigentes, los reyes o incluso un cacique de un pueblo. El poder es el poder. Y el poder corrompe a las personas. Hay que ser muy íntegro y tener una personalidad muy sólida para que no te convierta en un ser que pierde el sentido de la realidad y se cree con unos derechos diferentes al resto de los seres humanos. Y hoy, igual que siempre, no hay muchas personas tan fuertes.

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