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PRENSA · Blog de La Guía del Ocio

Café del Jardín

Con un programa de hora y media de duración en directo todas las mañanas –‘Ahora Marta’ en Telemadrid– y tres hijos es muy difícil, por no decir imposible, desayunar con un poco de tranquilidad; por eso, de vez en cuando, me gusta darme un buen homenaje y hacerlo, haciendo caso a lo que recomienda el dicho, como una reina. …seguir leyendo

El cielo de Urrechu

Llevo media vida yendo al Urrechu de Pozuelo -mucho antes de que empezara a ir Ronaldo, por cierto- , y desde el primer día me di cuenta de que era una apuesta segura, uno de esos sitios en el que vayas, cuando vayas y con quien vayas, siempre vas a acertar. …seguir leyendo

Orio, un trocito de Euskadi en Madrid

Orio es un pueblecito pesquero de la costa guipuzcoana que, además de por sus estrechas calles adoquinadas, sus casitas bajas y sus ventanas protegidas por robustas contraventanas de madera, es conocido por su tradición remera. Pero Orio es también un restaurante que abrió hace poco más de un año en plena calle Fuencarral de Madrid impregnado de ese aroma a mar Cantábrico. …seguir leyendo

Como en casa, en Altea

La parte vieja de Altea es como un laberinto de escalinatas que terminan en un cielo azul mediterráneo que parece que podremos tocar. Y en uno de esos recovecos, que recuerdan a la parisina subida a Montmartre y que, como en ella, van a dar a una plaza repleta de pintores, encontramos una coqueta terraza que es sólo la antesala de un original restaurante, ‘Como en casa’.

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El Horizontal

Si un día me pierdo, que me busquen en El Escorial. Son tantas las parcelas de mi vida que he vivido en esta mágica villa que más allá de su monasterio, soy incapaz de acercarme hasta el lugar y no acercarme hasta el Hotel Felipe II, donde, según cuentan Ava Gadner llevaba a sus “víctimas” amorosas. …seguir leyendo

Café de la luz

Si hay algún barrio de Madrid que ha cambiado de forma espectacular en los últimos años ese es el que se encuentra en lo que ahora se conoce como Triball. Aún recuerdo mi primer paseo por esa zona remodelada que no se parece nada a la anterior. …seguir leyendo

La Escollera, en Ibiza

Siempre que me piden que saque mi agenda de Ibiza tiemblo. Los precios son todos caros. Ibiza es una isla enormemente cara incluso en la comida que se compra para las propias casas. Pero es cierto que es una isla llena de luz, de libertad y de algunos lugares privilegiados en los que, incluso, se ubican restaurantes. Como por ejemplo el de la Escollera, casi casi, situado sobre el mismo mar.

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Restaurante Asubio

Para los pasiegos cántabros, entre los que se cuentan tantos amigos de la infancia, asubiar es cobijarse, así que no sorprende que este Asubio, en Santander, nos ofrezca una buena sombra gastronómica que en sus poco más de dos años de vida se ha convertido en uno de los nuevos clásicos de la ciudad. Gustará tanto a aquellos que quieran picar algo en la barra de su entrada –con más de cincuenta posibilidades entre sus pinchos fríos, calientes y sus raciones– como a quienes prefieran sentarse tranquilamente en un pequeño salón que encontramos en la planta alta.

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Casa Mingo

Casa Mingo es uno de mis lugares míticos de Madrid, plagados de mil y un recuerdos de juventud. En mi época de estudiante, con los bosillos casi vacíos, las tertulias sobre literatura y periodismo se deslizaban por aquel lugar oscuro, donde, con los dedos grasientos por el pollo asado, los estudiantes de Ciencias de la Información intercambiábamos conocimientos, incluso con algún que otro profesor. …seguir leyendo

Restaurante Atea

Es increíble cómo Bilbao ha dejado atrás su otrora característico tono gris que puebla la memoria de mi niñez para convertirse en una ciudad llena de color. Gran parte de culpa la tiene ese colosal museo de titanio y formas imposibles, en torno al cual la ría bilbaína ha dejado de ser escenario de industria para acoger otro tipo de propuestas, como el restaurante Atea. Ubicado en lo que antes fueron las dependencias de la autoridad portuaria bilbaína, lo primero que llama la atención es una enorme puerta –claro, estamos en Bilbao- que, además le da nombre (atea significa puerta en euskera); también sus techos, altísimos, y los omnipresentes botelleros que prácticamente son el único elemento decorativo en un entorno minimalista en el que son pocos los elementos que compiten con la verdadera protagonista: su oferta gastronómica.

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