Publicado en La Razón
«Dos vidas que sostener con dos sueldos que apenas daban para una. El amor puede romperse, pero la hipoteca sigue intacta»
España cada vez se divorcia menos. Podría parecer una buena noticia: más estabilidad, más compromiso, menos impulsividad sentimental…, pero a veces las estadísticas no cuentan historias felices, sino historias resignadas. En 2025, las rupturas matrimoniales cayeron en nuestro país un 11,7 por ciento, sí…, pero no porque nos queramos más, sino porque no nos podemos permitir separarnos. Divorciarse nunca fue gratis, pero ahora se ha convertido en un artículo de lujo. Dos casas donde antes había una. Dos facturas de luz. Dos neveras que llenar. Dos vidas que sostener con dos sueldos que apenas daban para una. El amor puede romperse, pero la hipoteca sigue intacta. Los expertos lo certifican: muchas parejas no se separan porque no les salen las cuentas. Y si hay hijos, aún menos. Una de las frases más incómodas y repetidas de nuestra época es: no seguimos juntos por amor, sino por economía. Tal es el peso del dinero en las parejas actuales, que hasta los divorcios conflictivos han caído. Y no porque haya más armonía, sino porque discutir en los juzgados cuesta una pasta, que cada vez menos cónyuges cabreados pueden pagar. La deriva de esta realidad es una nueva forma de relación: parejas rotas que conviven bajo el mismo techo, porque no les queda otro remedio. Lo curioso es que esto supone una vuelta al pasado. Si antes los reyes no se casaban por amor, sino por responsabilidad de Estado (para anexionar territorios o establecer alianzas), tampoco los plebeyos pactaban sus enlaces por sentimiento, sino por conveniencia familiar. El amor venía después. O igual no llegaba nunca en su grado volteriano de atacar a la cabeza, el corazón y el cuerpo; pero ahí estaban el cariño y el compañerismo, que acababan supliendo ese je ne sais quoi del amor (que dura lo que dura y que también se va transformando con el paso de los años) y creaban un vínculo en la pareja, mucho más sólido y confortable que el del tempestuoso e impredecible amor. Hay quien jura que el amor verdadero no es producto de una reacción química inexplicable y que se puede construir. Y puede ser, aunque aceptarlo no resulte precisamente romántico. Lo que es seguro es que, si las finanzas no lo propician, es imposible destruirlo del todo.

Comments
Hola Marta, muy interesante tu artículo, refleja la mas pura realidad que vivimos hoy en dia. Ademas ello se manifiesta sobre todo en Madrid liderando tanto la bajada en la tasa de divorcios como el incremento del precio de la vivienda.
No nos queda mas que querernos para siempre!