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Sant Jordi, la IA y el futuro

Publicado en La Razón

«Más allá de las ventas, ese respirar el amor por los libros y la lectura, sentirlo en el aire y compartirlo, supone un auténtico regalo»

Escribo este artículo antes de ir a Sant Jordi. Es una de esas citas verdaderamente excepcionales para cualquier escritor, aunque hay tantos por metro cuadrado en cada una de las esquinas de Barcelona que, salvo los locales, con su público de cercanía, los muy mediáticos o, por supuesto, los bestsellers del momento, el resto viajemos siempre acompañados por la más absoluta de las incertidumbres. Curiosamente, salgamos airosos o triunfantes, nos visiten más o menos lectores, nos compren más o menos libros, firmemos más o menos ejemplares, todos solemos llegar henchidos de felicidad. Hay tal alegría en la ciudad y tal complicidad entre los que están a uno u otro lado de las distintas casetas de las diversas librerías, que, más allá de las ventas, ese respirar el amor por los libros y la lectura, sentirlo en el aire y compartirlo, supone un auténtico regalo. Sin embargo, como en cada cita literaria de estos tiempos regidos por el fantasma de la inteligencia artificial, que supone una invasión de novelas escritas por ella, se suele producir cierto intercambio de temores. ¿Qué pasará en el futuro? ¿Habrá más escritores que lectores, porque muchos de ellos se creerán que lo son, aunque sus «voces propias», pertenezcan en realidad a Claude? Dicen los optimistas que, por mucho que la inteligencia artificial pueda emular al mismísimo Cervantes y escribir «Don Quijote de la Mancha» de una manera muy parecida a la suya, pero en pocos segundos, sus textos podrán recordar más o menos a los del escritor alcalaíno, pero carecerán de las emociones del hombre que los escribió y de esa sensibilidad que diferencia un buen trabajo de una obra de arte. Los pesimistas, en cambio, aseguran que, si ahora mismo la IA aún no está preparada para que un libro impacte tanto como, qué sé yo, «Un mundo feliz», aunque su manera de escribirlo sea razonablemente similar a la de Aldous Huxley, con el paso de los años logrará reproducir la identidad literaria de cualquier escritor, de tal modo que será imposible discernir las obras del humano de la máquina. ¿Quién recorrerá entonces las bulliciosas y alegres calles de Barcelona en Sant Jordi? Disfrutemos mientras podamos del presente; el futuro no sabemos qué nos deparará…

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