Menu
Menu

‘Verano en El Escorial’

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=ES0o1V7Vbh4&w=420&h=315]

Si tuviera que destacar algún programa en el que haya disfrutado especialmente, subrayo, sin duda Verano en El Escorial. En este programa, además, aparece el recuerdo de una persona fundamental en mi vida profesional y que también fue un gran amigo: Ricardo Medina, el artífice en su día de Madrid Directo –formato americano que se pasó bastante tiempo en un cajón hasta que consiguió convencer al entonces director de informativos, que creo recordar que era Eduardo Alonso, para ponerlo en marcha– y actual director de España Directo.

Fue en ese programa cuando utilicé, por primera vez, el famoso “pinganillo”, un pequeño transmisor de oído a través del cual el presentador recibe órdenes, el tiempo disponible, etc. Y debo reconocer que nadie que haya conocido utiliza mejor el pinganillo que Ricardo Medina. Tenerle detrás mientras se hace una entrevista es como tener un contrato blindado: Proporciona absoluta seguridad, porque se lo sabe todo y no molesta más que cuando es totalmente imprescindible y sólo para enriquecer la entrevista y hacer que quede mejor el entrevistador. Además, Ricardo es de esas personas que maneja la televisión, medios técnicos incluidos, como nadie; por eso, su trayectoria y recorrido profesionales son tan impactantes.

En la primera temporada, la anécdota de más peso fue aquella que me enfrentó a un Cela que, por entonces, parecía pensar demasiado en el dinero; tanto que se levantó en medio de una entrevista más que tensa, que no le quedaba más remedio que hacer –los cursos de verano estaban patrocinados por el BBVA, que a su vez era nuestro esponsor; y además, estaban dedicados a Cela– porque se incluyeron 40 segundos de publicidad. Conseguí salir airosa de aquel lance gracias a que, antes que Cela, se habían sentado en la misma silla que él ocupó, unos ochenta y cinco personajes de la más alta talla: Desde el Coronel General del Ejército Rojo hasta el jefe de transmisiones de la Plaza de Tiannamen, pasando por Julio María Sanguinetti, Balduino de Bélgica, Torrente Ballester, José Luis Aranguren, Desmond Tutú o María Kodama…Si no, creo que, en aquel encontronazo, me hubiese puesto a llorar y, seguramente, habría abandonado la profesión.

Recuerdo también, con más agrado, la coquetería de Octavio Paz, quien se negó a que le entrevistase cuando se lo pedían mis productores hasta que llegué yo y le dije: “Que pena, porque nunca había visto unos ojos tan azules y me encantaría verlos más de cerca”. Se lo pensó mejor,  me acompañó y fue una entrevista deliciosa.

Fueron dos veranos sin parar, de entrevistar a todo tipo de personajes –Pujol, Gallego y Rey, Sorensen, Alberti, Elena Ochoa, Luis Racionero, Fernando Fernan Gómez, Rafael Vera, Francisco Ayala, Karpov, Kasparov y muchos más– que me obligaban a estar todo el día estudiando para poder charlar con ellos, pero gracias a los cuales aprendí infinitamente; no sólo a entrevistar, sino también de la vida y de las calidades humanas. Todo un privilegio…Como también lo fue coincidir con un equipo de Telemadrid del que sigo conservando amigos entrañables, como Anto, Pepe Palop y Alejandro.

Back to Blog

Leave a reply

Back to Blog