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«Un chino barato no puede tener un mínimo de calidad»

Miguel Ángel García
– Director de operaciones del Grupo Café Saigón –

-Hay gente que padece el llamado «síndrome del restaurante chino». ¿Existe alguna razón para creer esto?
-Se puede decir que no hay humo sin fuego. Seguramente ha habido  casos en los que, quizás, algunos restaurantes de hace quince o veinte años no tenían la materia prima de la mejor calidad, y eso generaba dudas sobre su procedencia. En cualquier caso, no creo que dieran gato por liebre.

-La gente piensa que los orientales ofrecen una cocina distinta y que  viven al margen de las costumbres occidentales. ¿Es cierto?
-El oriental tiene un perfil muy ambicioso, que busca siempre el negocio y ganar dinero. Puede que se salten un poco las reglas, pero igual que hacen otros. La diferencia, quizás, es que buscan sobre todo la rentabilidad. Por eso, hace quince o veinte años lo que buscaban era comprar muy barato para sacar muchísimo margen, a costa de adquirir mercancía que no estaba, precisamente, en su mejor momento.

-Hay chinos en los que se come muy barato…
-Cuando la comida es tan barata no puede tener un mínimo de calidad, es imposible. En nuestro grupo vendemos a unos precios altos. No porque queramos hacernos más ricos, sino porque no podemos vender más barato. Nuestra calidad es muy buena. Lo cierto es que también conseguían ofrecer la comida más barata comprando en Mercamadrid, que es mucho más económico y utilizando como  personal a la propia familia, que trabaja muchas horas y sin cobrar el sueldo mínimo estipulado.

-Al ser una cocina diferente a la nuestra y en la que no somos capaces de reconocer los ingredientes, ¿es normal que no nos fiemos de lo que pueda llevar?
-En los restaurantes chinos baratos, más que poner cosas poco reconocibles, los rellenos son muy escasos. Es decir, hay más col china y menos carne.

-¿Por qué los restaurantes japoneses generan al cliente más confianza que los chinos?
-Porque en la cocina japonesa no hay manera de camuflar una materia prima de mala calidad. O es perfecto o no lo puedes vender. El consumidor ve los productos sin manipular y eso le da más confianza.

-¿Qué es lo que los clientes deben exigir u observar para que no le den gato por liebre?
-El cliente no puede pretender comer bien a precios demasiado baratos. Cuando un menú está por debajo de los siete euros yo, como profesional, no se cómo lo pueden hacer. En cualquier caso, el consumidor tiene que ser más generoso si quiere comer bien.

La Razón

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