La arrocería Gala es uno de esos rincones con un encanto especial que sorprenden y enamoran a primera vista. Nació a principios de la década de los ochenta, en plena movida madrileña, como champagneria en la que corría el cava catalán y sonaba música española de cualquier época. A mediados de los noventa yo la redescubrí, de la mano de Javier Rioyo, ahora director del Instituto Cervantes en Nueva York y entonces compañero y amigo en A vivir que son dos días, en la Cadena Ser convertido en lo que es hoy: un auténtico templo del arroz en el que pueden disfrutarse todas sus modalidades: caldosos, risottos, paellas… Con cuantos ingredientes se nos ocurran: desde el arroz meloso a la vasca, con bacalao, puerros, coliflor y patata, hasta una paella madrileña con callos, garbanzos y jamón. De sus risottos, el más demandado es el negro, con sepia tinta de calamar y jamón. Pero como no sólo de arroz vive el hombre, claro está, también tienen un sinfín de raciones (como sus setas salteadas con jamón o unas riquísimas cigalitas empanadas con salsa de soja) y ¡hasta un caldito! si el calor aún no ha llegado. Además, como recibimiento, siempre sacan pan con salsas alioli y romescu.
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