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Algo de resaca

Desde que nuestra gloriosa Selección se convirtiera en campeona del mundo, o incluso antes, cuando nos alegró la vida al conseguir la anterior copa de Europa, los españoles nos hemos vuelto enormemente exigentes con ella. No sólo les pedimos a los chicos de Del Bosque que jueguen bien, que demuestren compañerismo y solidaridad, que transmitan «buen rollito» y, naturalmente, que ganen, sino que, además, volcamos todo tipo de responsabilidades sobre sus espaldas. El mismísimo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, les reclamaba antes de la final esa victoria que debería paliar nuestro terrible estado de ánimo, derivado de la crisis y los ajustes. Y, por si eso fuera poco, desde muchos foros  se les consideraba artífices de la unión, al menos pasajera, de una España demasiado compartimentada y enfrentada desde sus comunidades, que quedaban disipadas e incorporadas a la bandera gracias al fervor futbolístico….

Demasiados deberes para una Selección de jóvenes profesionales que, sin embargo, acabaron por hacer cuanto se les pedía y convirtieron en realidad todos los sueños de los españoles. Incluso el de festejar su victoria con ellos. Bueno, pues ahora se les recrimina no haber sido lo suficientemente ejemplares y haber celebrado sus goles «bebiendo» demasiado. Más allá de saber que los deportistas, poco acostumbrados al alcohol, se embriagan pisando un corcho ¿es que también son ellos quienes nos tienen que dar lecciones de comportamiento y urbanidad? Y si así fuera.  ¿Es que acaso eran ellos quienes conducían el autobús? Brindaron y bebieron. Y tal vez todos nos emborrachamos. Unos con el alcohol y todos, con la gloria. Por suerte, aún nos queda algo de resaca.

La Razón

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